Taita

Taita llegó a nuestras vidas la navidad pasada, una cachorra de labrador de casi dos meses de edad, bella como el sol y la luna llena. El nombre se lo dí yo porque hace años leí un libro de Wilbur Smith donde uno de sus personajes principales se llamaba así.

Los primeros ajustes

Nunca tuvo problemas para dormir sola. Le poníamos su camita en otra habitación, durante el día estaba siempre conmigo pero en las noches Max o yo la cargábamos y la llevábamos a la habitación contigua, apagábamos la luz y le decíamos «ahora se va a la camita». Se quedaba quietecita y calmada, nunca lloraba por las noches. Por las mañanas a eso de las 6 se despertaba y entonces comenzaba a gemir, le habríamos la puerta y la ayudábamos a subirse a la cama donde se dormía por otra hora y media.

Cuando comenzó a crecer fué siempre mas díficil cargarla, pesaba ya bastante y casi nos rompíamos la espalda tratando de continuar la rutina de llevarla cargada a dormir. Entonces le cambiamos la cama a nuestra habitación. Ahora duerme ahí en su cama a los piés de la nuestra y por las mañanas apenas sale el sol brinca a nuestro lecho en medio de los dos y se duerme otro poco, apenas nos despertamos se pone tan contenta que empieza a llenarnos de besos y a mover la cola como un helicóptero.

Con Lola (nuestra gata) al inicio fué un drama. Lola más de una vez le razguñó la nariz. Taita insistía en olerla y era super curiosa pero pronto se dió cuenta que la gata era un ser especial y había que tener cuidado. Lola no la quería y se lo demostraba en cada vez que podía. En una ocasión estuve llamando a Taita como por 5 minutos y no venía, luego de la segunda o tercera vez que la llamé la escuché llorar y entonces fuí a ver que pasaba: Taita había entrado en el baño, en la puerta se encontraba Lola como un gendarme que no la dejaba pasar y Taita estaba prácticamente en una trampa. Tuve que ponerme delante de la gata para que finalmente Taita pudiera salir del baño.

Apenas comenzó a cambiar dientes nos destruyó todas las patas del comedor y las sillas, las manijas más bajas de los muebles, el mueble que cubre el radiador, el rodapié de las paredes e hizo un hoyo en el piso (mi piso es de parqué). Sin contar además los inumerables agujeros en las paredes, uno de ellos tan grande que por poco no hace una ventana.

Una nueva vida de rutinas y aprendizaje

Estos meses han sido un constante aprender para ella y para mi que nunca en mi vida supe tanto de perros como ahora. Los labradores particularmente viven solo para tres cosas: Comer, jugar y complacerte. Para ellos no hay nada más importante que verte feliz y llenarlos de cariños, Taita no es la excepción y es tan cariñosa que a veces empalaga. Hay que estarlos estimulando constantemente, cansarlos físicamente no basta, sobre todo si son aún cachorros porque reponen las energías rápidamente; hay que cansarlos también mentalmente y para ello se tiene uno que inventar juegos de escondite, caza al tesoro, rompecabezas, etc.

Acostumbrarla a hacer sus necesidades fuera de casa fué la cosa más sencilla del mundo, fué natural. Ahora nos turnamos Max y yo para sacarla a pasear y a hacer sus necesidades en la calle cuatro veces al día. A veces todavía ocurren «accidentes» dentro casa, sobre todo cuando regresamos de viaje porque sus rutinas cambian al estar fuera (de los viajes les hablaré en otro post), pero nada que nos disturbe.

En las cenas con los amigos se convierte en la estrella de casa, todos la quieren consentir y ella tiene el carácter para ganarse a todo el mundo, incluso a quienes no les gustan los perros. Se comporta bien en los restaurantes quedándose bajo la mesa todo el tiempo que estamos ahí.

Con la agresividad tenemos un gran problema y es que ella cuando trae la correa se siente bastante amenazada y apenas ve un perro se pone a ladrar como loca y a querer «protegerse» a como de lugar. Es un problema que desaparece apenas le quitamos la correa en el parque y juega con otros perros, pero si es bastante fastidioso cuando pasa en la calle. Estamos trabajando en ello y se requerirán aún algunos meses y bastante paciencia, los labradores son sociales por naturaleza, Taita debe solo aprender a no tener miedo cuando trae la correa y hay otros perros cerca.

Con Lola la situación ahora ha cambiado, nuestra gata ahora la tolera e incluso duerme a menos de un metro de ella, se deja oler y ella misma va y huele a la perra cuando esta duerme. No sé si un día llegarán a ser amigas, pero por el momento van bastante de acuerdo y al menos Taita no le tiene tanto miedo como antes.

Nunca pensé que un perro nos traería tanta felicidad. Me tomó solo catorce años convencer a Max de adoptar un perro luego que el se negara siempre diciéndome que se sufre muchísimo cuando se les pierde, pero llega un momento que no te importa arriesgar y saber que un día no lo tendrás más a tu lado, los años pasados junto contigo bastarán a llenarte de memorias bellas para soportar esas pérdida.

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4 comentarios

  1. Es guapísima. La felicidad que da vivir con un perro es difícil de describir y quien no lo hace no lo llega a entender del todo. Seguro que tendrás muchos años de disfrutar con ella, es lo que pienso yo con los míos y lo que venga, pues como dices, lo superaremos.
    Besos.