Claro ¿A qué otra cosa se visita la Provenza si no es por sus pueblitos? Si tienen la suerte de ir durante la floración de la lavanda se encontrarán con campos interminables de color violeta y un perfume que seguramente no olvidarán jamás. En nuestro caso no pudimos hacerlo (la floración de Lavanda ocurre entre Julio y Agosto) pero eso no le quitó encanto a los pueblitos que visitamos y donde el tiempo parece de verdad haberse detenido en una duermevela de colores y sensaciones de tiempos medievales.
Aquí la cuestión es que hay tantos pueblos y están tan cerca el uno del otro que en un día pueden facilmente visitar dos o tres. Algunos son tan pequeños que no queda de otra que sentarse en sus placitas a la sombra de los plátanos a disfrutar el ir y venir de la gente. O bien (nuestro pasatiempo favorito), en uno de sus múltiples bistro a sorbir lentamente un rosé.

En esos pueblitos acomodados en las cimas de montes rocosos como un hermoso sombrero de tejados de terracota es donde encontrarán negocios de todo tipo, desde souvenirs para llevar a casa, hasta auténticos muebles provenzales que han visto pasar sus mejores tiempos.

Las casas llenas de rosas y otras flores de todos colores hacen que te sientas en un grande jardín del cual no quieres salir. La gente es amable, las calles limpias y el ritmo es lento. Con esto último les quiero solo dar una pequeña advertencia:
En Provenza no corren prisas, pueden caer en un pueblito (como nos pasó en Saint-Rémy) en el que para desayunar deben esperar hasta las 09:00 o 09:30 porque antes no es posible (hablo de pâtisseries y boulangeries, en el hotel los desayunos normalmente empiezan a las 8:00 – para nosotros que somos un poco madrugadores desayunar a las 7:00 no fué nunca posible-). Donde las cocinas de los restaurantes cierran a las 21:00 hrs y donde los domingos y días festivos se van a encontrar un pueblo desierto, no solo sus negocios si no también las ventanas de las casas. Notarán que caminar por estos pueblitos semi-desiertos (como nos pasó en Lacoste y Le Thor) tiene un cierto encanto.

Dicho esto, basta solo un poco de organización y si comer bajo el parasol de un restaurante no es posible ese día, tal vez organizar un pic-nic con quesos, tapenade y un vino de la región puede ser una idea más atractiva.

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