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Velika Planina, Eslovenia

Nos despertamos temprano, como todos los días, para sacar a Taita. Paseíto por el río que se encuentra al fondo del jardín en el departamento que rentamos en Vizoko, desayuno con los panes que gentilmente nos obsequiaron los dueños del lugar y listos para explorar esta parte de Eslovenia.

Desafortunadamente el clima cambia, ya no hay sol y espesas nubes negras cubren el cielo. Nuestro plan de visitar el centro histórico de Kamnik cambia cuando apenas llegando al lugar la lluvia nos recibe y no tiene intención de parar, entonces tenemos que cambiar planes y dirigirnos a Velika Planina.

Luego de pocos kilómetros el sol sale de nuevo; nos encontramos con una serie de desviaciones, caminos sin asfaltar y estrechos que hacen esos 8 km un poco díficiles, además de una serie de curvas que ponen a prueba el estómago de nuestra pobrecita Taita.

Velika Planina es una meseta que en verano se transforma en un grande prado donde los pastores tienen a sus vacas pasteando por meses y en invierno se convierte en una estación de esquí. Se puede llegar aquí a pie por varios senderos, en bicicletao con la funivía desde Kamniska Bistrica.

Llegamos a la funivía y vamos a informarnos si admiten perros, la respuesta es afirmativa pero con la condición que lleven bozal, así que apenas se lo ponemos y subimos, la pobrecita se avergonzaba tanto porque parecía Hannibal Lecter.

En pocos minutos se llega a la parte donde inician los campos para pastear a 1600 mt de altura, de ahí luego se puede salir a pie o en la telesilla. Antes de comenzar la subida nos detenemos a disfrutar del paisaje, las montañas con sus bosques de pinos bajo un cielo celeste intenso y nubles blancas (incluso me parece de haber visto un águila) que hace que el conjunto parezca una pintura.

De entre las bajas colinas sale corriendo a toda velocidad una labrador con un palo en el hocico, la toreamos para que el susodicho palo con sus filosas puntas parecidas a los carros de Ben Hur no termine enterrándose en nuestras piernas y entonces comenzamos la caminada.

Renunciamos a la telesilla y subimos hacia las villas, la ruta no está muy bien señalada que digamos pero obviamente los varios senderos llevan todos hacia la cima, basta orientarse con los pilones de la telesilla. Son solamente 5km pero todos en subida, se necesita solo escoger la menos empinada. Taita, como siempre, es la más feliz de los tres, corre adelante y atrás con las orejas al viento, cuando nos detenemos para recuperar el aliento nos ladra contenta para darnos ánimo mientras sube trotando como un cabrito en los verdes campos.

Llegamos finalmente a la veta más alta, localizamos rapidamente el área con el único restaurante abierto donde ya una grupo de austriacos cantan a todo pulmón con varias pintas de cerveza dentro (¡y son solo las 10 de la mañana!), nos vamos derechitos hacia el grupo de casas de los pastores con su característica arquitectura de techos bajos de abeto; desafortunadamente aún no es temporada de que estén aquí así que notamos que somos bien pocos que andamos turisteando por la zona. La llovizna de la mañana ha creado varios charcos donde naturalmente Taita se da baños hasta quedar color chocolate.

Son ya dos horas que vagamos por la zona de la meseta gozándonos el paisaje y el aire fresco de las montañas que hacen todo más espectacular e inolvidable, pero ya es hora de probar la gastronomía y la cerveza local. Cuando es temporada de pastoreo en Velika Planina se pueden probar los productos locales en casas de los pastores, como quesos y pan, nosotros nos tuvimos que conformar con comer en el restaurante que está abierto todo el año.
La comida en sí estaba buena y la cerveza también (en realidad en Eslovenia es buena en todos lados), las porciones abundantes además del hambre que traíamos hacen de este lugar algo inovidable.

Luego de haber comido y descansado un poco hacemos el camino de regreso hacia la funivía, naturalmente siendo de bajada es mucho más relajado aunque la comilona nos pasa factura y nos sentimos un poco pesados. Caminamos lentamente, aunque a mi me parece que vamos casi volando, además ¿Adivinen quien corre adelante y atrás con las orejas al viento? ¡Exacto, Maricruz!… no, bromeo, es Taita que parece alimentada de energía nuclear visto que no se cansa ni siquiera luego de 10-12km de trekking.

Le ponemos el bozal de nuevo y tomamos la funivía para regresar al auto, felices y cansados. Nos encaminamos hacia Liubliana que un evento gastronómico nos espera.

En definitiva, si van a Eslovenia, Velika Planina es de no perderse; el contacto con la naturaleza y belleza del lugar alimentan la vista y el alma, les aconsejamos solo que si es posible vayan durante la temporada de pastoreo así de paso prueban los espectaculares quesos de producción local.

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