Llegamos al aeropuerto de Varsovia en la muy soleada tarde (2:30pm) del día 1 de Junio. La primera impresión que me dió la ciudad mientras viajábamos en taxi hacia nuestro hotel fué de limpieza y orden. Las calles anchas, limpias y el verde por todas partes hicieron que me maravillara de lo hermoso y moderno que se veía la ciudad. Era fin de semana y como pudimos comprobar días más tarde, esos días hay muy poco tráfico por las calles.

Nuestro hotel se encontraba relativamente cerca del centro y la parada del tram estaba a unos 50mt del mismo. El transporte en Varsovia es un poco complicado y por más que quiero ahora mismo recordar que tipo de boletos compramos y cuanto costaron la verdad es se me ha olvidado! en todo caso, en ésta página hay información detallada sobre los diferentes tipos de transporte y precios que tal vez les puedan ser útil en el caso lo necesiten. En nuestro caso el tram fué siempre la mejor opción. También, como costumbre que tenemos, decidimos de no cambiar euros en las casas de cambio que hay en el aeropuerto y en su lugar hicimos lo de siempre: Usar el cajero. *la moneda en Polonia es el złoty (PNL) y eso hace favorable el cambio para quien usa euros.

Lo primero que hicimos una vez dejamos las maletas en el hotel fué tomar el tram que nos llevó a Zamek Królewski (la plaza del Castillo Real). Sin querer nos equivocamos de bajada y eso hizo que tuviéramos que atravesar caminando el puente Slasko Dabrowski para llegar a la ciudad vieja, el que fué un gran acierto puesto que la vista del río Vístula desde dicho puente es hermosa.

Llegamos cuando estaba cayendo el sol y subimos inmediatamente a la torre Taras Widokowy. La entrada cuesta solo 5pnl (1€ más o menos) y se sube a pié, pero no es muy alta, así que no se asusten porque no es tan cansado y la vista que les espera arriba es una de las cosas más lindas que se van a encontrar.

Cenamos en un restaurant de los alrededores por solo 28€ (dos personas, bebidas incluídas) y emprendimos el regreso al hotel.

Slasko Dabrowski bridge

Warsaw

Conociendo Varsovia

Con todo el día a nuestra disposición y sabiendo que al siguiente dejábamos la ciudad, decidimos de levantarnos temprano y visitar lo que aguantaran nuestros piés. El recorrido comenzó tomando el tram hacia la ciudad vieja pero de la parte donde comenzaba la calle Nowy Swiat que después proseguía con Krakowskie Przedmiescie para desembocar directamente en la Plaza del Castillo Real. Estas dos calles son muy recomendadas para pasear y conocer un poco la ciudad, sentarse en algunos de sus múltiples cafés y saborear una cerveza polaca, tomar un helado, comer, comprar, etc. En el trayecto también se pueden visitar varios lugares interesantes, entre ellos el monumento de Nicolaus Copernicus y la iglesia de La Santa Cruz (donde reposa el corazón de Chopin).

Luego de una muy obligatoria parada a tomarnos una cerveza (antes del mediodía!) en la calle Krakowskie P. Continuamos hacia nuestra próxima meta: El Castillo Real de Varsovia.

El Zamek Krolewski (Castillo Real) es una de las metas más visitadas en Varsavia, la entrada en domingo es gratuita y está muy bien organizado. Hay guías de audio disponibles en varios idiomas y al no ser tan grande deja mucho tiempo libre después de visitarlo para hacer otras cosas.

Después de comer nos encaminamos dentro la ciudad vieja a visitar la Plaza del Mercado (Rynek Starego Miasta) donde pudimos sentarnos en una banca y admirar el ir y venir de los turistas, los niños jugando, los pintores vendiendo sus obras y en general a ver pasar la vida.

Continuamos paseando por la ciudad vieja (Stare Miasto) sentándonos de vez en cuando en algún café a tomar algo, comparar fotos y a descansar nuestros pobres piés. Así hasta que llegó la hora de cenar y luego de hacerlo regresar al hotel a tomar una ducha, ponerse el piyama e intercambiar impresiones de la ciudad hasta que el cansancio nos venció y caímos en un estado comatoso del cual despertamos hasta el día siguiente.

Nowy Swiat

Holy Cross Church Warsaw

Nowy Swiat

Krakowskie Przedmiescie

Royal Castle Warsaw

Royal Castle Warsaw

Royal Castle Warsaw

Royal Castle Warsaw

Royal Castle Warsaw

Rynek Starego Miasta

Rynek Starego Miasta

Rynek Starego Miasta

Despidiéndose de Varsovia

Mi idea al inicio era la de visitar el Lazienki Park el mismo día que el castillo (domingo) ya que había escuchado que en ese día realizan conciertos de música clásica al abierto y que son de no perderse, pero los planes cambian y nos vimos en la necesidad de cambiar el día de visita al siguiente.

Sabíamos que debíamos de dejar la ciudad con un margen que nos permitiera llegar a nuestra próxima meta cuando fuera aún de día. El trayecto (lo sabíamos) duraba cerca 3 horas por lo que pensamos que visitar el parque por la mañana nos dejaba con bastante tiempo para seguir nuestros planes, así que lo primero que hicimos apenas dejamos el hotel fué ir a comprar los boletos de tren para Cracovia el cual partía de la estación a eso de las 4pm y llegaba a destinación a las 7pm. En la misma estación dejamos en un locker la única maleta que llevábamos y de ahí tomamos el tram por dos paradas y luego un autobus por otras dos para llegar al Lazienki Park.

El parque es enorme y el verde que se encuentra en el, lo bien cuidado y limpio que está y la tanquilidad que te embarga apenas entras son solo algunas de las razones por las cuales debería ser visitado. No contábamos con lo grande que era y que nos iba a llevar más del tiempo previsto para visitarlo, por lo que casi tuvimos que correr para salir de el e ir a comer antes de que partiera nuestro tren.

Por cierto, en el trayecto del parque a la estación del tren pudimos darle una ojeada rapidita (desde lejos, por supuesto) al Palacio de la Cultura y de la Ciencia (Palac Kultury i Nauki) que se encuentra precisamente frente a la estación ferroviaria central.

Lazienki Park

Lazienki Park

Palazzo della Cultura e della Scienza (Palac Kultury i Nauki)

Varsovia me dejó una impresión muy buena. En ningún momento nos sentimos inseguros o con miedo. La ciudad es limpísima, organizada, moderna y no sé si tuvimos suerte o es siempre así, pero la gente fué super amable, desde los recepcionistas, camareros y vendedores de tickets, hasta a quienes parábamos en la calle para pedirle indicaciones cuando las necesitábamos. Comunicar es muy fácil (en inglés).

El clima se portó clemente con nosotros y si bien el domingo por la tarde se nubló un poco y cayeron un par de gotas, no nos arruinó en ningún momento la visita puesto que hasta al día siguiente que partíamos el sol brilló en todo su esplendor.

Trayecto Varsovia – Cracovia

Mientras viajábamos en el tren de Varsovia a Cracovia me invadió la misma sensación de nostalgia y tristeza que me invade cada vez que me subo a un tren. De cierto el clima tan cambiante de esos días no ayudaba mucho y sin querer mi mente comenzó a divagar pensando en lo hermoso-deprimente-nuevo-y-único del paisaje. Estas fueron unas notas que escribí en el reverso del recibo de los tickets:

Pasamos campos tapizados de amapolas, pueblitos de techos rojos a dos aguas que parecían sacados de un cuento infantil y otros en los que parecía que había apenas terminado la segunda guerra mundial.

No pude dormir, a pesar de estar cansada y medio dopada a causa del medio litro de cerveza que me había tomado con la comida.

A un cierto punto comenzó a llover y el paisaje se hizo aún más sugestivo. Nubarrones negros cubrían el cielo de un pueblo que pasamos y que cuya fábrica me hizo erizar la piel por lo destruída que se veía. Cerré los ojos (solo por un segundo) y casi pude ver las caras de los operadores en una Polonia de los años 40’s que con ojos tristes y overoles raídos veían pasar el tren de sus esperanzas.

Varsavia

Llegando a nuestra siguiente meta

No hay mucho que contar después de que llegamos a una Cracovia lluviosa y cubierta de nubes que no dejaban ver un palmo más allá de las narices. Fué una noche un poco incómoda porque al organizar el viaje en tan pocos días me equivoqué y reservé en unos departamentos que resultaron muy por debajo de nuestras expectativas. Eso sí, la ubicación era muy buena, pero el departamento en sí era escuálido y no lo volvería a escoger así fuera lo último disponible.

Luego de dejar las maletas salimos a darnos la bañada de nuestras vidas buscando donde cenar. Confundidos y sin saber siquiera donde estábamos, nos mojamos hasta los huesos buscando un lugar donde calmar nuestro apetito para dar finalmente con un restaurant lo más de bonito (de verdad, era precioso, sugestivo, con velitas y una decoración que no podía ser más romántica y sugestiva!) y cenamos unas muy típicas viandas polacas, como sopa de hongos servida en el hueco de un pan y otras delicias de las que les hablaré más adelante.

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Author: Maricruz

Fotógrafa inventada y foodie por casualidad. Viajera curiosa y adoradora incondicional de los gatos. Vivo, respiro y me harto de cappuccinos (mi vicio!) en Roma, Italia.