Que levante la mano aquella que es casada y que no se haya quejado nunca del marido. Que si jala las cobijas en la noche, que si deja la toalla tirada en el piso del baño, que nunca le enseñaron a bajar la cubierta del water, y (mi favorita) que deja siempre, siempre, el tubo de la pasta dental despanzurrado como un triste gusano. Yo digo…¿Qué les cuesta usarlo comenzando desde abajo? Dejenme les digo que los malos hábitos se aprenden casi todos en casa, señoras y señoritas, por favor: Enseñen a sus hijos(as) a usar el dichoso tubo correctamente. Los futuros maridos y maridas se los agradeceran.

Ok. Me estoy saliendo del tema, como siempre. Yo en realidad de lo que les quiero hablar es de como a veces mi maritozzo me paga con creces todas los malos hábitos que me hacen desear de ponerlo de patitas en la calle y me recompensa con cosas que para mi son valiosas como oro puro.

Por ejemplo, desde hace 4 años sin falta lo arrastro sin piedad alguna al cine (casi siempre a la última función) a ver la película de turno de la saga de Twilight. Y él aunque se resiste con un par de gruñidos me lleva y hasta me compra mis palomitas de maíz y mi coca cola para disfrutar mejor de las mordidas y la sangre que corre a raudales por la pantalla.

El caso es que desde los tiempos de mi niñez los vampiros han sido mis personajes mitológicos preferidos. Mientras mis compañeras de escuela soñaban con hadas y unicornios, yo me pasaba el tiempo libre a soñar despierta con ser mordida por un vampiro y tener el poder de leer la mente. ¿Mis amigas veían Candy-Candy? Yo también, pero luego nos reíamos a carcajada abierta con Los Munsters.
En mis 20’s y después de haberme sorbido todas las películas de vampiros habidas y por haber, estrenan en televisión Buffy the Vampire Slayer y solo un par de años después el spin-off Angel me alegra la pantalla. Dejenme les cuento que tengo ambas series en DVD y que yo y mi abnegado maritozzo nos las vemos una y otra vez de principio a fin.

Buffy para mi fué solo el inicio en las series televisivas sobre vampiros porque ahora mismo la colección se ha ampliado con True Blood, The Vampire Diaries , mi adorada Supernatural y Being Human. No solo amplié mi colección, sino que cual vampira frustrada convencí a mis amigas que atrás quedaron los vampiros buenitos y solitarios como Angel o Louis, era tiempo de darle entrada a vampiros como Damon Salvatore que con solo quitarse la camisa una se cae muertita ahí mismo. No hay necesidad de mordida.

Ian Somerhalder as Damon Salvatore. Photo Credit: Justin Stephens/The CW. © 2012 The CW Network, LLC. All rights reserved.

Y miren todo lo que les he dicho solo para contarles que ayer fui a ver Breaking Dawn II (la última parte de la serie Twilight) y que mi marido, como siempre, me llevó a verla solo para demostrarme cuanto me quiere y yo, a mi vez, para demostrarle cuanto le quiero le premié con estos cupcakes “ensangrentados”.

Cupcakes de chocolate y canela.

  • 450gr de harina 00
  • 200gr de azúcar
  • 1 cditas de levadura en polvo para tortas
  • 1/2 cdita de bicarbonato
  • 1/2 cdita de sal
  • 4 cdas de chocolate amargo en polvo
  • 180gr de mantequilla
  • 400ml de crema fresca
  • 4 huevos pequeños
  • 100gr de chocolate al 70%
  • 2 cditas de canela en polvo

*todos los ingredientes deben estar a temperatura ambiente

Derretir a baño maría el chocolate junto a la mantequilla. Reservar teniéndolos en un lugar tibio.
En la batidora poner la crema, el azúcar y los huevos. Batir a velocidad baja hasta incorporar todos los ingredientes.

Cernir la harina junto a la levadura, el bicarbonato, el sal y el chocolate en polvo. Agregar la canela y mezclar.

Agregar la mezcla de de harina en 3 partes a la batidora con la crema y batir a velocidad media hasta que no haya grumos.

Calentar el horno a 180°. Llenar los moldes para muffins (depende del tamaño) y hornear por 20min.
Dejar enfríar completamente y cubrirlos con crema montada o con el frosting de su elección.

Author: Maricruz

Fotógrafa inventada y foodie por casualidad. Viajera curiosa y adoradora incondicional de los gatos. Vivo, respiro y me harto de cappuccinos (mi vicio!) en Roma, Italia.