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Tirol y Südtirol

Por años pospusimos el irnos de semana blanca en invierno. Nosotros no esquiamos ni somos apasionados de deportes invernales, pero con la llegada de Taita a nuestras vidas las cosas han cambiado un poco, ya no les digo la manera de viajar. Así que desempolvamos nuestras botas de nieve, nuestra poca ropa invernal y nos fuimos a hacer un road trip por el Tirol y Südtirol. Lo de la semana es un decir, porque al final nos quedamos más días para que valieron la pena las horas de manejada hasta allá. En realidad nuestro road trip incluyó un poco de Alemania también, pero de eso les hablaré en otro post. Hoy les quiero contar como nos la pasamos, que hicimos, donde estuvimos y cual fué la reacción de Taita con su primer contacto con la nieve.

On the road

Nos levantamos a las 5 en punto una mañana de inicios de Enero, la noche anterior habíamos ido al Teatro de la Ópera de Roma a ver el Cascanueces (regalo de navidad que me hizo Max) y entre que acabó la función y que fuimos a cenar; recogimos a Taita a eso de la medianoche (la habíamos dejada encargada con mi suegra). La mañana siguiente ya se imaginarán como estábamos, me arrepiento un poco solo porque Max se tuvo que aventar casi 9 horas manejando mientras la perra roncaba en el asiento trasero y yo trataba de estar despierta por todos los medios. En la frontera de Brennero nos agarró una tormenta de nieve, pero nada grave, bastó manejar con mucha precaución y llegamos sanos y salvos.

Llegamos a Innsbruck y pasamos la noche ahí. Al día siguiente partimos por la tarde hacia Munich y en el camino nos detuvimos un día a echarle una ojeada a las localidades invernales en el Tirol, ver que podíamos hacer y claro, probar las especialidades locales. Hay muchos pueblitos por esos lares y todos a cual más de sugestivos y adaptos para pasar la famosa semana blanca de la cual los italianos no pueden hacer a menos. Nuestro “miedo” más grande era el aburrirnos quedándonos en una sola localidad, visto que ninguno de los dos esquiamos o hacemos ningún otro deporte invernal, pero a decir verdad en la nieve hay mucho por hacer incluso para los más novatos y despistados. Por ejemplo el esquí de fondo (cross-country skiing) que es ideal para comenzar a tomarle gusto a esto de las vacaciones en la nieve. Contando además que todo el entorno nevado, los techos blancos, las montañas que se perfilan a poca distancia y la promesa de una comida calientita y sabrosa hacen que cualquier cosa que emprendas la tomes con más gusto y la disfrutes.

Lugar ideal para practicar esquí de fondo: Leutasch, Tirol (Austria)

Luego de nuestra visita a Múnich, bajamos hacia Italia de nuevo atravesando pueblitos y otras localidades turísticas, parándonos en donde se nos antojaban un par de fotos, disfrutando del paisaje y respirando el aire puro de la montaña. La fotos de abajo son del lago Kochel donde nos detuvimos a comer y descansar un poco.

Trentino-Alto Adige (Südtirol)

Llegamos a Südtirol (o más bien a Castelrotto) donde ya nos esperaba un departamento calientito y confortable en las afueras del pueblo, rodeados de pinos y con el mismo paisaje nevado que nos había acompañado hasta ahora. La idea era la de hacer un par de excursiones en los alpes Siusi pero entre que ya veníamos un poco cansados de haber visitado la ciudad, un poco Taita que nos sigue cansando con su interminable energía y un poco que los dos primeros días el tiempo no ayudó mucho, bueno, al final lo único que hicimos fueron algunos paseos al bosque cercano casa.

Para comer nos las arreglamos de esta manera: Por la mañana Max preparaba el cappuccino y desayunábamos con pan dulce que habíamos comprado en alguna panadería del pueblo. Al mediodía comíamos casi siempre algo rápido, por ejemplo un bocadillo con speck (que es la especialidad local) y por la noche nos dábamos gusto con los platillos locales que son una verdadera delicia.

El tiempo nos regaló un par de días bellos, con tanto cielo azul y poco frío. En uno de esos llegamos hasta la estación teléferica de Siusi solo para darnos cuenta que apenas a pocos metros de altura la neblina era un poco densa. Las filas para tomar la funivía estaban atestadas y amenazaba tormenta de nieve. Decidimos no arriesgar y nos regresamos al departamento a dejar el carro y hacer nuestra excursión habitual al bosque. Llevábamos apenas unos minutos caminando cuando vemos a lo lejos un viejito con un perrazo de unos 40-50kg que caminaban con lentitud hacia nosotros. Taita como siempre, se puso nerviosa y comenzó a ladrarles pero el señor se acercó y la tranquilizó hablándole lentamente y acercándole la mano para que lo oliera.

Quienes tienen perros como el mío (nerviosos y asustadizos que se la pasan ladrando hasta cuando se mueve una hoja del árbol cercano) comprenderán lo agradecida que me sentí que el señor hiciera eso y no echarme sus miradas juzgadoras como lo hace la mayoría de la gente. Resultó que el perrazo era manso como una vaca, pero el problema en realidad era que Taita estaba en celo y estaba en la fase que no quiere que se le acerquen los perros. Luego de olisquearse un poco y de que el perrazo se diera cuenta que con Taita no conseguiría nada, siguieron su camino y nosotros el nuestro, disfrutando de la paz del lugar.

Castelrotto

Castelrotto es un pueblito pequeño pero muy lindo con su centro peatonal y característico y la torre campanario que sobresale poniendo en segundo lugar el Duomo que le está al lado. Es un pueblo turístico por lo que les va a ser fácil encontrar muchos hoteles y restaurantes ya que de aquí se llega muy facilmente a la meseta de los alpes de Suisi. Nosotros lo visitamos en un día, aunque a decir verdad íbamos todos los días (alojábamos apenas a las afueras) a comprar pan y a cenar. El día que dedicamos solo a visitarlo nos agarró una nevada ligera, haciendo más sugestivo el paseo, aún con Taita que jalaba como si fuera un husky siberiano.

Taita y la nieve

Quisiera poder describir con palabras la emoción que Taita sintió la primera vez que pisó la nieve, pero se me hace díficil. Lo que les puedo decir es que nunca la había visto tan curiosa y contenta, ni siquiera cuando la llevamos al lago la primera vez. Apenas sintió la nieve bajo sus pies se quedó quieta y me miraba como preguntando que hacer. Luego se comió un bocado. Un buen bocado.

De ahí en adelante fué todo diversión, correr, enterrar el hocico hasta que solo se le veían las orejas, saltar tratando de agarrar la nieve que caía del cielo y de los árboles, perderse entre el bosque y cazar las ramas caídas, esconderse detrás de los árboles y seguir corriendo hasta que la llamábamos. Era hermoso verla tan feliz. Pero tanta emoción tiene sus consecuencias y de tanto saltar y correr se abrió nuevamente una herida en la patita que se había hecho en Múnich. Cuando vimos el reguero de sangre que dejaba en la nieve blanca casi me da un infarto, pero ella ni en cuenta, no cojeaba ni parecía estar incómoda, habrá sido que la nieve le entumió la pata o habrá sido que estaba demasiado feliz, en todo caso preferimos ser más prudentes y no dejarla corretear tanto.

Conclusiones:

  • Fué un lindo viaje y no descartamos la idea de ir a pasar algunos días en verano, al fresco de las montañas y quizás entonces si hacer un poco más de trekking en los alpes.
  • En el norte de Italia (südtirol) hablan principalmente alemán pero obviamente hablan también italiano, eso si, con un acento tan fuerte que más de una vez me quedé con la duda de que era lo que decían.
  • Las pizzas, mejor evitarlas. Nunca he comido una pizza tan mala en Italia como las que comí ahí. Lo siento si hiero suceptibilidades pero es que de verdad…nada que ver con las que se comen al sur.
  • ¿Los canederli? (albóndigas de pan). La cosa más deliciosa que comí en todo el viaje y miren que comí tantas cosas, pero si hay algo que saben hacer son los canederli  ¡No se los pierdan!
  • ¿Saben lo que dicen que los del norte de Italia son un poco fríos? Es mentira. De toda la gente con la que tuvimos a que ver, ninguna, ni siquiera una nos hizo sentir indeseados. De los dueños/empleados de los restaurantes hasta los cajeros en los supermercados, todos sin excepción fueron amables y educados.
  • Siendo de una ciudad como Roma, me quedé gratamente impresionada por la manera que tienen de tratar al peatón, cediéndole el paso y la preferencia en las calles.
  • Nunca fuimos a un restaurante con Taita (porque íbamos solo por la noche y la dejábamos dormida en casa), pero en algunos vimos que la entrada a perros estaba permitida. Lo mismo para alojarse, varios hoteles permiten animales.
  • Siendo localidades turísticas, los precios van acorde con ello. Para darles una idea: Pizza+cerveza+café para dos 40€, el agua vale cuanto la cerveza (como en Austria).
  • Reservar con tiempo para tener de donde escoger. Los precios no bajan de 70-80€ la noche en un departamento pequeño. Pero si se reserva con mucha antelación los precios son mejores.

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