Ayer, mientras hacía planes para el ya inminente verano y preparaba una torta rústica para mis invitados a cena; la ventana de mi cocina se azotaba furiosa contra el marco. Las hierbas en las macetas puestas apenas fuera de la ventana se movían con violencia y parecía que querían volar lejos, allá donde encontraran alguien que por lo menos se recordara de darles agua todos los días.

Estaba por llover. En plena mitad de mayo, cuando se supone que el calor empieza y que el traje de baño está permanentemente instalado en el bolso, listo para ser usado; el clima decide de jugarnos una última (espero) broma y ponerse a llover. Así, solo para darse el gusto.

Me encontraba en un estado perfecto: La tormenta que se anuncia, Max y lola que duermen la siesta, yo que amaso en la cocina y la casa en total silencio. Solo el trueno se hacia escuchar de vez en cuando. Perfecto.

Para cuando saqué la torta del horno ya de tormenta no quedaban sino las gotas resbálandose por las ventanas y el sol había salido con más bríos que antes.

Estas tormentas me recuerdan a las que vivía en mi niñez, de esas furiosas tropicales que solo se ven en el pacífico y que me obligaban a quedarme dentro casa aburriéndome como una ostra o que me ensopaban completamente al regreso de la escuela.

Pero mientras las odiaba cuando era niña y odiaba más el hecho de vivir en un lugar donde se repetían al menos tres veces por semana; ahora las encuentro bellas, relajantes. Claro, no son iguales a aquellas, pero al menos se parecen y me hacen sentir un poquito más cerca de mi tierra de origen. Solo cuanto basta para mantener viva la nostalgia.

¿Y a ustedes? ¿Les gustan las tormentas?

NOTA: Tengo el post pasado que puse, ese que Blogger decidió de comerse y que luego nos lo vomitó como draft en el escritorio, pero la verdad no le veo el caso ponerlo de nuevo, al fin y al cabo, es solo un post más.
Y hablando de Blogger. Estoy preparando un tutorial sobre como hacer una copia de seguridad del blog. Lo que pasa es que a pesar de que es fácil hacerla, al momento de quere cambiarnos (por ejemplo a Movable Type o WordPress), dicha copia solo “salva” un cierto número de entradas, las demás se van al limbo de los posts, me pasó cuando me cambié de MT a Blogger. Apenas encuentre el script que me arregló el problema hago el tutorial y se los hago saber. (cuando a los cerdos les salgan alas, ya me conocen).

Tarta rústica de espárragos silvestres

  • 185grs de harina de poca fuerza (la normal para tartas dulces)
  • 125gr de mantequilla fría y en trocitos
  • 1cda de hierbas frescas de tu preferencia (orégano, tomillo, etc.)
  • 1 huevo
  • 1 pizca de sal

Tamizar la harina y ponerla en fuente en un volcán sobre la mesa de trabajo. Poner el huevo en medio y agregar la sal y las hierbas. Con un tenedor batir el huevo. Agregar la mantequilla y con un cuchillo ayudar a incorporarse todo, sin amasar con las manos.
Una vez incorporado todo (se verá como arenosa la masa), darle una amasada con las manos velozmente, no màs de 1min.
Envolver la masa en plástico y ponerla en el frigo por 1hr.

para el relleno:

  • 60gr de parmesano rayado
  • 150ml de crema
  • 400gr de espárragos silvestres cocidos previamente
  • 1 huevo
  • hierbas frescas de tu preferencia

Calentar el horno a 190°. Extender la pasta y forrar el molde (previamente engrasado) que usarán para la tarta. Pincharla con un tenedor para evitar se alze mientras se cocina. Forrarla con papel de horno y llenarlo de frijoles secos. Hornear por 10min, sacar del horno y quitarle el papel con el relleno. Hornear por otros 10min. Dejarla entibiar y espolvorear la tarta con la mitad del parmesano.

Calentar el horno a 180°. En un contenedor poner la crema, el resto del parmesano, el huevo y las hierbas. Batir todo hasta obtener una crema.
Poner la mitad de espárragos sobre la tarta y bañar con la mitad de la crema. Poner el resto de los espárragos y cubrir con el resto de la crema.

Author: Maricruz

Fotógrafa inventada y foodie por casualidad. Viajera curiosa y adoradora incondicional de los gatos. Vivo, respiro y me harto de cappuccinos (mi vicio!) en Roma, Italia.