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Non ci posso credere che oggi finisce settembre. Uno dei miei mesi preferiti per quanto riguarda la mia conosciuta, acettata e noiosissima malinconia.

Settembre è uno dei mesi che più mi ricorda il Messico. Che mi fa diventare la pelle d’oca quando vedo in giro le foto del grito, della gente per strada sorridente, dei castelli di fuochi d’artificio, delle bandierine di carta, delle kermesse con tante cose che qui non posso mangiare.

E visto che parliamo di cibo (ci mancherebbe!), vi volevo dire che con questo non mi rifersico ai tacos, flautas, burritos, nachos e tutte le cose semplici che qui posso tranquilamente cucinare con solo vendere un rene (da quanto è tutto costoso).

No. Parlo dei chiles en nogada, quelli che per quanto cerchi d’imitarli non vado più là di usare dei tristi peperoni, che i poverini non si paragonano neanche per sogno al mio re: El chile poblano.

Parlo del pozole. Quello che per farlo ti ci metti due giorni preparando il mais e non due minuti per versare la lattina del precotto nella pentola. Quello che faceva mia mamma e che era così buono che c’era anche chi si faceva tre ore di strada per andare a mangiarsene un piattino di pozole con ravanelli, cipolla e salsa di chile rojo.  Quello che al giorno successivo si mangiava fritto (alla faccia della dieta) la mattina acompagnato da un café de olla.

Parlo dei tamales oaxaqueños. Quelli veri, con strutto vero, che compri direttamente dal macellaio e te lo da in un pezzo di carta, oscuro, come se volesse dimostrare di essere veramente messicano e non il bianco slavato che ti vendono al supermercato.

Quelli che devi cucinare avvolti nella foglia di banano e non in carta argentata, perchè permettete, qui le foglie di banano me le vogliono vendere come se si trattasse della foglia di fico con cui si copriva Adamo.

E potrei menzionare tante altre cose, ma la verità è che quasi vi vedo in faccia: Uffa! questa di nuovo con il suo attacco di malinconite, non ne posso più!.

(Un giorno mi ammalerò di malinconia e non scriverò più, allora vi mancherò…)

Però per dimostrarvi che non sono così cattiva e che sopratutto sono congruente con quello che dico (qualche giorno fa mi lamentavo che non vedevo l’ora che arrivasse il freddo), vi lascio una cosa fresca, perchè lasciate che vi racconti, questo anno settembre è scivolato via come la sabbia tra le dita e avevo tante cose da raccontarvi (per esempio la mia festa del 15 set che questo anno è stata così bella che mi è venuta voglia di farla tutti i 15 del mese), ma che come sempre, all fine non ho avuto il tempo.  E per non lasciare che il poverino di settembre se ne vada senza almeno un piccolo omaggio, vi lascio la mia insalata di polpo “alla messicana”

Insalata di polpo (alla messicana)

200gr di polpo cotto e tagliato a dadini

1 cipolla rossa tagliata a rondelle

1 avocado maturo (un pò duretto preferibilmente)

15grs di olio EVO (per dare un tocco mediterraneo, così vedete che vi voglio bene)

Succo di due limoni (che voi chiamate lime ma che per me sono semplicemente limoni)

Coreandolo fresco tritato finemente qb (vi prego, non sostituitelo col prezzemolo, se non trovate coreandolo fresco usate quello secco o non mettere nulla)

Sale qb

Mettere tutto (trane l’avocado) in una insalatiera, mescolare e lasciare riposare per 30min. Prima di servire aggiungere l’avocado e aggiustare di sale. Acompagnare con biscotti salati (crackers) e se sono della Gamesa ancora meglio!.

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No puedo creer que hoy termina septiembre. Uno de mis meses preferidos cuando se trata de mi muy conocida, aceptada y aburridísima melancolía.

Septiempre es uno de los meses que más me recuerda México. Ese que hace que se me ponga chinita la piel cuando veo fotos del grito, de la gente en las calles sonriendo, de los castillos de fuegos artificiales, de las banderitas de papel y de las kermeses con tantas cosas que aqui no puedo comer.

Y en vista que hablamos de comida (y como no), les quiero decir que no me refería a los tacos, flautas, burritos, nachos y todas las cosas simples que aqui puedo cocinar con solo vender un riñón (por lo caro que cuestan los ingredientes).

No. Hablo de los chiles en nogada, esos que por cuanto trato de imitarlos no paso de usar unos tristes pimientos que no le llegan ni a los talones a mi rey: El chile poblano.

Hablo del pozole. Ese que para hacerlo te lleva dos días solo para preparar el maíz y no dos minutos para vaciar la lata del precocido en la olla. Ese que hacía mi mamá y que era tan bueno que había gente que no le importaba hacerse tres horas de camino para ir a comerse un platito de pozole con su cebolla picada, sus rabanitos y su salsa de chile rojo.
Ese que a la mañana siguiente se comía frito en manteca (porque no bastaba las calorías que tenía ya, había que darle el golpe de gracia) acompañado de un café de olla.

Hablo de los  tamales oaxaqueños. Los verdaderos, con manteca de a deveritas, de la que compras directamente del carnicero y te la da en un pedazo de papel, morenita, como si quisiera demostrar que es de verdad mexicana y no la agringada blanca que venden en los supermercados.  Esos que debes cocinar en hoja de plátano y no en papel aluminio, porque aqui las hojas de plátano me las quieren vender como si de la hoja de parra con que Adán se tapaba sus partes pudendas se tratara.

Y puedo mencionar tantas otras cosas, pero la verdad es que casi que les veo la cara: Ay! esta ya está de nuevo con su ataque de melanconitis que no la soporta ni el gato!.
(un día me les voy a enfermar de puritita nostalgia y entonces me van a extrañar, ya verán…)

Pero para demostrarles que soy buena y que sobre todo: Soy congruente con lo que digo (hace unos días me quejaba del calor y ahora no quiero que se vaya), les dejo una receta fresca. Porque dejenme que les cuente que este año septiembre se me ha resbalado como agua entre los dedos y que tenía tantas cosas que contarles y traerles (por ejemplo mi fiesta del 15 sep que este año estuvo tan bonita que me quedaron ganas de hacerla todos los 15 del mes), pero que como siempre el tiempo no me ajustó.
Y bueno, para no dejar que el pobrecito de septiembre se vaya sin un pequeño homenaje, les dejo mi ensalada de pulo “a la mexicana”.

Ensalada de pulpo (a la mexicana)

200grs de pulpo cocido y cortado a cuadros
1 cebolla morada
1 aguacate maduro cortado en cuadros (de preferencia un poco durito)
15grs de aceite EVO (para dar un toquecito mediterráneo)
Jugo de dos limones (que ustedes llaman lime, pero para mi son simples y puros limones)
Cilantro al gusto picado finamente
Sal al gusto
chile rojo/verde fresco al gusto

Poner todo (menos el aguacate) en una ensaladera, mezclar y dejar reposar por 30min. Antes de servir agregar el aguacate e ajustar de sal. Acompañar con galletas saladas (crackers) y si son de la Gamesa aún mejor.

Author: Maricruz

Fotógrafa inventada y foodie por casualidad. Viajera curiosa y adoradora incondicional de los gatos. Vivo, respiro y me harto de cappuccinos (mi vicio!) en Roma, Italia.