Visitamos Santa Mónica una tarde de sábado, cuando el sol se estaba poniendo en el horizonte y la luz daba un toque romántico a todo lo que veíamos. Nos llevó mi sobrino Chris junto con su novia y disfrutamos de un rico atardecer por las calles cercanas a la playa y al puerto que por cierto estaba llenísimo.

La cosa es que fuimos después de comer y la autopista estaba a reventar, aunado a eso Max tenía solo dos días de haber llegado a Los Angeles y el jet-lag lo traía frito, pues nada, que se iba durmiendo por todo el camino. Aún así, llegamos relativamente rápido y fuimos a estacionar el carro a uno de esos estacionamientos dentro la ciudad visto que siendo sábado el estacionamiento cerca del muelle estaba super lleno.

En Santa Mónica hay un montón de cosas por hacer, la nuestra fué en realidad solo una visita veloz para ver el atardecer y conocer un poco el ambiente ya que teníamos planes de regresar después a pasar el día (planes que se cancelaron por cierto).

De todos modos, les dejo una lista de las cosas que pueden hacer en Santa Mónica por si un día deciden visitarla:

La playa – Asolearse, echarse un clavado en las aguas frías del Pacífico, surfear, jugar beach-volley, disfrutar un rico picnic.

Ocean Drive – Este tramo que une Santa Mónica con Venice Blue es uno de los más icónicos del lugar. Haztelo en bici o en patines para sentirte un verdadero californiano.

El Muelle – Vayánse a comer mariscos y otras delicias aquí y ya que andan por ahí, no se les olvide el famoso parque…

Pacific Park – Aquí se han rodado muchísimas películas y es una de las atracciones más visitadas de la ciudad. Súbanse a la rueda de la fortuna para unas vistas espectaculares!

Muscle Beach – Un gimnasio en la playa, para los obsesionados con el wellness que mejor que irse a tirar palmito a este lugar.

Third Street Promenade – Para irse de compras nada mejor que esta zona peatonal, claro, siendo tan exclusivo no se esperen precios bajos.

Author: Maricruz

Fotógrafa inventada y foodie por casualidad. Viajera curiosa y adoradora incondicional de los gatos. Vivo, respiro y me harto de cappuccinos (mi vicio!) en Roma, Italia.