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Hoy mientras veía este video me puse a pensar que en los años de diferencia que nos separan a mi marido y a mi. Ocho.

Yo no recuerdo esa canción. No soy ninguna jovenzuela, vaya que tengo mi edad (36 para ser exactos), pero en los años ochenta -para ser precisos en el ’84- yo tenía solamente diez añitos y escuchaba Parchís y mi programa favorito era Katy la Oruga. Mi hermano, cinco años mayor que yo, escuchaba Kiss y otros grupos que yo jamás estuve interesada en seguir.

Max en ese entonces escuchaba Spandau Ballet, Wham!, Police, Bruce Sprinsgteen, Genesis, Duran Duran, U2, Boy George etc, etc. Y cuando vemos juntos ese video me dice el nombre de cada uno de los artistas en el, luego va y saca sus disco de vinil mientras yo, embelesada, lo miro y sonrío pensando en el joven que fué y que yo nunca conocí.
Entonces busco fotos, fotos donde lo veo de vacaciones en la costa de Francia, Sicilia, la Costa Brava y en otras playas que a mi me hubiera encantado conocer cuando era adolescente.
Lo veo en traje de baño luciendo un cuerpo bien formado, fruto de horas y horas practicando Judo. Lo veo reír con su grupo de amigos, casi los mismos de ahora, con chicas que quizás que cosas habran compartido juntos. Y muero de envidia, porque hubiera dado media vida con tal de haber nacido unos años antes y haberlo conocido entonces, me hubiera gustado ser una de esas chicas en bikini que jugaban en la playa y que disfrutaron de esas vacaciones con él.

Luego entonces recuerdo que yo compartiré con él el resto de la vida y que juntos caminaremos hacia el final de nuestra existencia.
Hemos apenas cumplido siete años de casados y tengo tantas experiencias de esos años juntos que creo no me ajustará la vida para recordarlas.
Fué el primer hombre que me enseñó a caminar en las calles de París. El que me llevó de luna de miel, el que estuvo conmigo en los momentos más duros de la enfermedad de mi madre. Ha sido con él con quien he aprendido tantas cosas y que cada día que me enseña nuevas formas de ver la vida. Es él quien me prepara el desayuno cada mañana, aún cuando no está presente (dejándome un cappuccino en el microondas) y espero será él quien me acompañe en mi lecho de muerte ya que le he hecho prometer que no morirá antes que yo. No soportaría estar sola.

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Entonces me dirijo a la cocina y preparo muffins, porque sé que le encantan y que cuando regrese del trabajo lo primero que hará después de darme un beso será ir a la cocina atraído por el perfume de horneado que inunda la casa. Esas son algunas de mis pequeñas sorpresas para él.

para 12 muffins:

225g de harina 00
95gr de mantequilla
2 cdas de polvo para hornear
1 pizca de bicarbonato
1 pizca de sal
1/2 taza de azúcar
1/2 taza de crema
50ml leche
1 huevo entero
1 yema
Mermelada de fresas hecha en casa

Derretir la mantequilla en el microondas y dejar enfríar. En un bowl grande cernir la harina, el polvo de hornear, el bicarbonato y la sal. Agregar el azúcar y mezclar bien los ingredientes. En un bowl aparte poner la mantequilla, la leche, la crema y los huevos y batir hasta obtener una crema. Lentamente agregar los ingredientes secos y mezclar suavemente con una espátula poniendo atención de no batir demasiado.
Llenar los moldes para muffins y antes de meter al horno insertar una cucharada de mermelada en cada uno. Hornear por 25min a 175°.

*Servir con un beso y un abrazo cada uno*

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Author: Maricruz

Fotógrafa inventada y foodie por casualidad. Viajera curiosa y adoradora incondicional de los gatos. Vivo, respiro y me harto de cappuccinos (mi vicio!) en Roma, Italia.