Vivo en un país donde el decir “Hoy cenaré pizza” no siempre quiere decir lo mismo que en otros países. Aqui el decir esa simple frase tiene como consecuencia la siguiente pregunta: ¿Cuál pizza? Y tu de repente te encuentras mirando a tu interlocutor con una expresión en los ojos que el pobre se pregunta a si mismo si la expresión aborregada de tu cara es de puro aburrimiento o es que de verdad no has entendido la pregunta.

Y es que quizás tu no lo sepas, pero en Italia la pizza no es siempre pizza -como la has conocido hasta el día de ahora-, que todo tiene un porqué y así como en México no puedes llegar, sentarte a la mesa del restaurante y pedir solo Tacos, aqui tampoco puedes esperarte que el mesero te lea la mente y sepa exactamente de que diablos estás hablando.

Hace unos años, mientras arreglábamos los últimos detalles para mi viaje a Roma, Max y yo sostuvimos esta conversación por teléfono:

Max: ¿Qué quieres cenar en tu primera noche en Roma?

Yo: Pizza (yo siempre tan original)

Max: Ooook. Que pizza sea. ¿Roja o blanca?.

Yo: ¿Qué quieres decir con roja o blanca? -pensando que quizás aqui los pobres italianos hartos de comer siempre lo mismo se inventaban de las cosas absurdas (como colorear la masa de la pizza) para poder continuar a comer con gusto su plato tradicional-.

Max: Quiero decir ¿ con tomate o sin tomate? -soltando un suspiro (me imagino) y pensando que tal vez no era una buena idea eso de enamorarse de una que no viva al menos en el mismo continente.

Yo: ¿¡SIN TOMATE!? ¿Qué quiere decir SIN tomate? ¡La pizza va SIEMPRE con tomate!.

Creo que más por educación que por otra cosa no me soltó el clásico discurso que un vero italiano te soltaría si por mero caso te arriesgaras y pusieras en duda su gastronomía; no hubo necesidad, se encargaron los primeros días de mi llegada a Roma para borrar de un plumazo todos los mitos y costumbres que como buena americana tenía. Como por ejemplo ponerle catsup a la pizza.

Mis primeros paseos por la ciudad de Roma me dejaron los piés machucados, los cachetes rojos de frío y mis gustos culinarios un poco más extensos.
A cada vuelta de esquina me topaba con panaderías, restaurantes y locales en los cuales aparte del olor inconfundible de las pizzas recién horneadas, se veían vitrinas con pizzas de todos tipos, colores y sabores:
Pizza romana, pizza napolitana, pizza pugliese, pizza rústica, pizza de pascua, pizza al horno de leña, pizza al corte… y así me puedo ir hasta el infinito.
No se trata solamente del con que las condimentes –que ya de por si decidir el tipo es díficil– .Les hablo solo del tipo de pizza que deberán escoger/pedir/comer si un día se encuentran por estas tierras.

Y así, mi gusto por la pizza se ha convertido en uno de esos amores de por vida, que con el paso de los años solo se intensifica más. No tengo una favorita -aunque debo decir que adoro la pizza romana en horno de leña-, me gustan todas y cada una de ellas. Pero de lo que si es cierto, es que ahora cuando alguien me dice: Hoy cenaré pizza. Seguramente mi inmediata pregunta será: ¿Cuál pizza?.

Este es el tipo de pizza que se come mientras se camina. Se compra normalmente en las panaderías y ahi mismo te la parten por la mitad, luego te pasas a la salumeria de enfrente y pides un etto (100g) del embutido de tu preferencia: Mortadella, salami, prosciutto, etc. Lo pones dentro de tu pizza y ¡nolescuentoquedelicia!.

PIZZA BLANCA ROMANA, esa de la panadería de la esquina.

  • 500g de harina 0 (manitoba)
  • 300ml de agua
  • 20g de manteca a temperatura ambiente
  • 15g de aceite de oliva EVO
  • 10g de sal
  • 1 cdita de malto
  • 8g de levadura fresca
  • *Aceite de oliva EVO para engrasar y condimentar

En un contenedor pequeño poner la levadura, el malto y 100ml de agua. Dejar reposar a temperatura ambiente por 15min.
En un contenedor grande poner el resto de los ingredientes y el preparado de la levadura y amalgamar todo, no es necesario (esto me encanta) el amasar tanto, bastan máximo 3-4min o hasta que los ingredientes estén muy bien integrados, debe quedar una masa elástica. Dejar reposar 3hrs en un lugar tibio, por ejemplo dentro el horno apagado, cubierto con un trapo de cocina mojado y con la luz encendida. En verano pueden ser menos horas.

Enharinar la mesa de trabajo y verter la masa, extenderla y doblarla en tres partes, cortar a la mitad, extender cada pieza y doblar de nuevo en tres partes. Hacer dos bolas y dejar reposar las dos piezas de masa por 1hr cubiertas con un paño húmedo encima.
Engrasar con aceite de oliva dos charolas (yo usé de 25×36) y poner una pieza de masa en cada una. Extender suavemente con las manos y rociar con aceite de oliva y un poco de sal. Dejar reposar por 20-30min.

Mientras tanto calentar el horno a 250°. Hornear las pizzas (una a la vez) por 15min o hasta que veas que han adquirido un color dorado trigo.

Author: Maricruz

Fotógrafa inventada y foodie por casualidad. Viajera curiosa y adoradora incondicional de los gatos. Vivo, respiro y me harto de cappuccinos (mi vicio!) en Roma, Italia.