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¿Les he dicho alguna vez que tengo una suegra fantástica? Pienso que si, muchas veces. Pero no importa, se los digo de nuevo: Mi suegra es única.

No solo me ha acogido como una verdadera hija, sino que jamás me ha dado un motivo de disgusto o de pelea. Es una excelente cocinera, una abuela estupenda y una mamá de diez. Pero sobre todo y ante todo: Es una compradora imbatible. Los vendedores en los negocios tiemblan cuando la ven entrar a sus tiendas, menudita, amable. Saben que es la mejor regateadora a cien kilometros a la redonda y que no importa que le vendas, ella parece sacada de un barrio de mercantes de la mismísima Riad y no sale del negocio hasta que no consiga lo que quiere y al precio que quiere.

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Hace unos años, en un negocio cerca de casa donde vendían bolsas de marca (Gucci, Prada, etc) y que era gestionado por un hebreo (padre de un conocido nuestro);  mi suegra había visto una bolsa que costaba casi mil euros. Se sabe que para los comerciantes hebreos el primer cliente del día es el más importante, puesto que DEBEN vender para así asegurar un exitoso y próspero día de buenas ventas. Es una superstición, obvio, pero ¿Quién no las tiene?.

El día fatídico para esa persona (el dueño del negocio) comenzó cuando a eso de las ocho de la mañana abría su negocio de carísimas bolsas de marca y mientras corría hacia arriba la pesada cortina de metal mi suegra se deslizó como un ratoncito debajo de las axilas de este sujeto y le soltaba un: Buongiorno!.
El pobre hombre debe haber sentido un escalofrío que le recorría la espina dorsal mientras se maldecía a si mismo por no haber instalado aún una puerta en el negocio en vez de esa vieja cortina de metal. O peor aún, por no confíar en su empleado para que abriera el negocio por la mañana y asi evitarse esa ridícula costumbre de tener que vender a toda costa al primer cliente del dia.

El resultado es una preciosísima bolsa de Gucci color crema por la cual se hizo dar un descuento de más de 500 euros y que ahora reposa clamorosamente dentro mi armario personal, la cual cada vez que la veo no hago más que sonreír al pensar en que suegra genial que me ha tocado.

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La receta de esta parmesana me la dió mi suegra y es igual (o casi) a las de miles que encontrarán en internet. Los ingredientes son aproximativos.

Para el jugo:
1k de tomates para jugo
1 taza de agua
6 hojas grandes de albahaca
sal
aceite de oliva extravirgen
media zanahoria* (o una cucharadita de azúcar)

Lavar y cortar a mitad los tomates. Poner los tomates y la zanahoria* en una cacerola con una taza de agua y cocinar moviéndo de vez en cuando hasta que los tomates se sientan “deshacer”.
Pasarlos por un pasapuré, si usan licuadora, mixer o minipiner pasarlos luego por el colador para deshechar los restos de cáscaras y semillas.
En una cacerola poner un chorrito de aceite de oliva extravirgen, vacíar el jugo y salar levemente. Dejar cocinar a fuego alto hasta obtener una crema densa,  moviendo constantemente. Si no se agregó la zanahoria poner una cucharadita de azúcar para quitar la acidez del tomate. Trocear las hojas de albahaca y agregar, cubrir y apagar inmediatamente.

Para la parmesana:
salsa de tomate (leer receta más arriba)
4 berenjenas medianas
150g de parmesano
300g de caciocavallo (o mozzarella, queso para fundir, etc)
sal de grano
aceite de oliva
albahaca

Lavar y cortar las berenjenas (a lo largo para los puristas) en rodajas de 1cm aproximadamente. En un contenedor grande poner una capa de berenjenas y espolvorear con sal de grano, repetir hasta terminar con la sal. Llenar un contenedor un poco más pequeño con agua y ponerlo encima de las berenjenas. Dejar reposar por 3hrs.
Escurrir las berenjenas y lavarlas bajo el chorro de agua fría. Secarlas muy bien  y freírlas por los dos lados en aceite de oliva hasta que estén doradas. Escurrir bien en papel absorbente.

Preparar el molde poniendo un chorrito de aceite de oliva en el fondo y luego cubriendo con un poco de jugo de tomate. Poner una capa de berenjenas, agregar la salsa de tomate para cubrirla, rodajas del queso que hayan elegido, 2-3 hojas de albahaca y espolvorear finalmente con abundante parmesano. Repetir hasta terminar con los ingredientes, teniendo en cuenta que la última capa va solo de berenjenas, salsa de tomate y parmesano.
Cocinar en el horno precalentado a 180° por 1h.

Consejos:

  • Cuando es temporada de berenjenas no es necesario el ponerlas bajo sal, ya que ese sabor amargo clásico de las berenjenas es menos notable.
  • Si el peso y el colesterol no es un problema para ustedes, prueben a pasar las berenjenas por un poco de harina o pan molido antes de freírlas.
  • Si en cambio quieren hacer una parmesana más ligera, prueben a ponerlas en el grill de 5 a 10 min, o ponerlas directamente crudas.
  • Si la parmesana clásica no es suficiente, prueben a ponerle unas lonchas de jamón en cada capa, o de mortadela.
  • El queso que usan en Sicilia para cocinar este plato es generalmente el Caciocavallo, mientras que en Nápoles prefieren la mozzarella. Prueben con el que tengan a la mano, basta que sea queso fundible.

Author: Maricruz

Fotógrafa inventada y foodie por casualidad. Viajera curiosa y adoradora incondicional de los gatos. Vivo, respiro y me harto de cappuccinos (mi vicio!) en Roma, Italia.