[expand title=”Legere in italiano”] La prima volta che mia suocera mi fece una panzanella fù nell’estate del 2003, quella che si ricorda come una delle più calde degli ultimi anni, cosi calda che quelli con la piscina a casa spendevano le giornate come foche monache, entrando ed uscendo dall’acqua.

Tornando alla panzanella: partendo con la consapevolezza che è un piatto facile da preparare, con ingredienti semplici e di facile acquisizione. Quello che non ti aspetti, è che quando ti decidi di fare una sorpresa a tua suocera e prepararle una panzanella esattamente come la sua, ti ritrovi con tanti ostacoli come se della torta nunziale del Principe William si trattasse.

Prima cerchi nei tuoi libri di ricette, solo per accorgerti che questo piatto  è cosi facile da preparare  che non è neanche considerato dai libri di cucina tradizionale.

Poi pensi che magari ce l’hai in uno di quei ricettari che avevi proprio dimenticato di possedere. E hai ragione! Solo che ora ti cominciano ad assalire i dubbi perchè quando leggi, che apparte degl’ingredienti tradizionali, devi mettere anche le acciughe, della cipolla raccolta nei campi vergini di Baghdad da monaci tibetani ciechi e qualche altro ingrediente stranno che ormai hai capito che quella è una panzanella gourmet, cioè, non è quello che cerchi.
Allora vai all’ovvio: Internet. Dove se non in questo pozzo di saggezza? dove tutto lo sappiamo e quello che no lo inventiamo.

Parti con i tuoi siti preferiti, pero poi saltellare da link in link fino che non ti becchi un mal di testa, di quelli che ti lasciano in stato catatonico per tre giorni di fila e senza voglia di tornare in internet per altrettanti.

Dico sul serio. Dopo aver letto in Giallo Zafferano tutti i commenti sulla ricetta che propone Sonia, mi sono detta: Chica, questo non è sufficiente. Ci deve essere altro.

Allora trovai il link di Spigoloso sulla panzanella vera   e quando finii di leggere i commenti non sapevo più se la panzanella era in realtà per soprendere mia suocera o per vincere il concorso “vediamo chi è la scema che si piglia il mal di testa più forte della settimana”.

Infine, spensi il mio computer e me ne andai dritta dritta da mia suocera per farmi coccolare un pò e fare la panzanella insieme.

 

Panzanella:

  • *Pane raffermo toscano (quello che ti avanza e diventa più duro delle pietre del Camino di Santiago de Compostela).
  • Pomodori maturi (più maturi sono, meglio è)
  • Cipolle rosse (di preferenza quelle di Tropea perchè quelle dei campi vergini di Baghdad sono troppo care :P)
  • Cetrioli
  • Basilico
  • Aceto di vino rosso
  • Olio extravergine d’oliva
  • Sale al gusto

Mettere in una ciotola tre parti d’acqua e una di aceto. Aggiungere il pane e lasciarlo a mollo per almeno 30min.

Nel frattempo lavare e tagliare i pomodori a pezzi, la cipolla e i cetrioli come più ti piace (pezzetti o rondelle) e conservare il tutto.

Strizzare il pane con le mani per togliere l’eccesso di acqua e mettere tutto insieme alle verdure in una insalatiera. Aggiungere abbondante olio e aceto al tuo gusto. Aggregare basilico tagliuzzato con le mani (quanto ti pare) e salare.

Mettere in frigo per circa un’ora e mangiarla fresca fresca accompagnata da agua de limón. (vabbè, el agua de limón forse è un tocco troppo messicano, ma questo è il mio blog e tutto va messicanizato, d’accordo?!:))

Buen provecho!

[/expand] La verdad es que nunca pensé que un día iba a escribir un post sobre como hacer panzanella. Es como poner una receta para la tortilla de patatas.

La primera vez que mi suegra me preparó una panzanella fué allá por el verano del 2003, ese que se recuerda como uno de los más calientes de los últimos años, aquel donde te pasabas los días sin calzones porque la verdad hacía tanto calor que los que tenían piscina en casa se la vivían dentro el agua como focas en tiempo de reproducción.

Les decía de la panzanella; la verdad es que sabiendo que es un plato tan fácil de hacer, con ingredientes tan simples y de tan fácil adquisición, lo que menos te esperas es que una vez que te decides de darle una sopresa a tu suegra y prepararle una panzanella como la que prepara ella, te encuentres a ti misma con tantos obstáculos como si del pastel de bodas del Principe William se tratase.

Primero buscas entre tus libros, solo para darte cuenta de que esta simplísisima receta es tan pero tan fácil que aparentemente ni siquiera la toman en cuenta a la hora de hacer libros de cocina italiana tradicional.
Luego piensas que tal vez en uno que tienes olvidado quizás venga la receta. Y estás en lo cierto. Solo que te empiezan a asaltar las dudas cuando vez que aparte de los ingredientes tradicionales, lleva anchoas, cebolla recogida en los campos vírgenes de Baghdad por monjes tibetanos ciegos y alguna que otra cosa que a estas alturas ya te diste cuenta de que esa es una panzanella gourmet, no es lo que buscas.

Entonces te lanzas a lo más obvio: Internet. ¿Dónde sino en este pozo de sabiduría donde todo lo sabemos y lo que no lo inventamos?.
Partes con tus sitios favoritos para luego brincar de link en link hasta que traes un dolor de cabeza de esos que te dejan en estado catatónico por tres días seguidos y sin ganas de entrar en internet por otros tantos.

Digo en serio. Luego de leer en Giallo Zafferano los comentarios sobre la receta que propone Sonia me dije: Chica, esto no lo es todo. Tienes que investigar más.
Entonces dí con el link de Spigoloso sobre la panzanella vera y cuando acabé con los comentarios yo ya no sabía si la panzanella era en realidad para sorprender a mi suegra o para ganar un concurso sobre “A ver quien es la mensa que se pilla el dolor de cabeza más fuerte de la semana”.

Al final apagué mi computadora y me fui derechito a donde la suegra a que me consintiera un poco, me diera una pastilla para el dolor de cabeza y de paso hiciéramos la panzanella juntas.

NOTA: Ya lo dice la autora de esta receta de la panzanella, “Hacer panzanella no significa vaciar el frigo y ponerlo todo en una ensaladera con el pan desmoronado”. Y es que de pseudo-panzanellas está lleno internet.

Aunque se sabe que en la cocina la única regla es que no hay reglas, no está de más dar un par de consejos:

  • 1.- El pan tiene que ser sin sal (toscano) y sin ingredientes extras como aceite, mantequilla, etc. Estoy segura que en cualquier localidad se puede encontrar el pan sin sal.
  • 2.- El pan va desmigajado. Nada que para que se vea más bonita mi panzanella en las fotos lo corto a cuadros, lo tuesto y lo pongo así. Eso ya es una ensalada, no una panzanella.

Por lo demás, si quieren cortar las verduras a cuadros, rodajas o con forma de carita de Micky Mouse, es problema suyo.

Panzanella, quella vera italiana:

  • *Pan duro toscano (ese que te sobra y se pone más duro que las piedras del camino a Santiago de Compostela).
  • Tomates maduros (entre más maduros, mejor)
  • Cebollas rojas (las que sean van bien, las de los monjes esos que te dije son muy caras :P)
  • Pepinos
  • Albahaca
  • Vinagre de vino tinto
  • Aceite de oliva extra virgen
  • Sal al gusto

Poner tres tercios de agua por uno de vinagre en un contenedor grande y agregar el pan dejando que se moje completamente por al menos 30min.

Mientras tanto lavar y cortar los tomates a cuadritos, la cebolla y pepinos como mejor te parezca (rodajas o trocitos) y reservar todo junto.

Exprimir con las manos el pan quitando el exceso de agua y poner junto con las verduras en una ensaladera. Agregar un buen chorro de aceite de oliva y un poco de vinagre. Agregar cuanta albahaca gusten y salar al gusto.

Poner en el frigo por alrededor de una hora y disfrutar fresquita con una buena jarra de agua de limón como bebida. (ok, el agua de limón es un toque muy mexicano, pero este es mi blog ¿De acuerdo? y aqui todo va mexicanizado pues!).

Buon appetito!

Ingredientes sustituibles:
Vinagre de vino blanco o cualquier otro(si en la despensa no hay de vino tinto)
Cebollas de cualquier tipo, incluso cebollines (Que no, pues, que las de los monjes era broma!)

Author: Maricruz

Fotógrafa inventada y foodie por casualidad. Viajera curiosa y adoradora incondicional de los gatos. Vivo, respiro y me harto de cappuccinos (mi vicio!) en Roma, Italia.