Lo sé, lo sé. El título de esta entrada es de lo más cursi, pero es que no me viene a la mente otra idea sobre como llamarlo y  debo confesarlo,  yo no sabía de la existencia de la panna cotta hasta que me vine a vivir a Italia, así como no sabía de la parmigiana, el zabaione, los cannoli, etc, etc. Ya. Mis gustos gastronómicos eran bastante pobres.

La primera vez que Max me llevó a un restaurante en Roma, a la hora del postre no sabía que elegir (al igual que con todo lo anterior) y entonces Max me sugirió de pedir una panna cotta ai frutti di bosco. Nunca se me va a olvidar las sensaciones que probé al primer bocado. Fué como el primer beso: Inolvidable. La suavidad y cremosidad de la crema y la -apenas notable- dulzura del azúcar combinaban perfectamente con la salsa agridulce de frutas de bosque que la acompañaba. Fué como sentir seda en la lengua.

La panna cotta no es simplemente “crema cocida”, es más que eso, es un postre para inventarse, para jugar con sabores y con olores. ¿Han probado alguna vez la panna cotta a la lavanda o a las rosas? Haganlo, no se arrepentirán. Basta que pongan una ramita de lavanda (o un poco de escencia de rosas) a marinar en la crema y luego dejarla cocer un poco. El sabor cambia drásticamente.

Yo trato de hacer siempre panna cotta al menos una vez al mes, a veces más. Y ahora con el calor que empieza a ser cada día más fuerte se antoja bastante el tener un postre helado en el frigo. La favorita de Max es (obviamente) con la nutella, mientras que yo la prefiero con fresas o frutas de bosque.
Como siempre, las posibilidades son infinitas, los límites los ponen ustedes. Albaricoques, fresas, limón, kiwi, piña, chocolate, café, vainilla, canela, menta, clavo, lavanda y podría continuar por horas….


Existen infinidad de recetas en internet sobre como preparar este postre, casi todas comprenden el uso de gelatina (colla di pesce) en láminas o en polvo, algunas sin esta y que es decisamente la que yo prefiero aunque conlleva mucho más tiempo de preparación que aquella a la que le ponen gelatina.
La receta que les pongo a continuación  no lleva gelatina y la preparación lleva un poco más de tiempo que las recetas que si exigen el uso de ella. El resultado es una panna cotta más suave y lisa que una gelatina pero un poco más firme que un budín.


Panna cotta:

350ml de crema (nata, para mis amig@s español@s)
150ml de leche entera
1/2 taza de azúcar fino
4 claras de huevo (pequeños)
Aroma, el que prefieras. (vainilla, lavanda, menta, canela, etc.)

En una cacerola profunda, poner la crema y la leche (y una varita de vainilla o canela si decidieron usar ese aroma) a fuego bajo hasta que esté a punto de ebullición pero sin que llegue a hervir. Apagar y dejar enfríar por 45min-1h.
En un contener grande batir las claras junto con el azúcar, con cuidado de mezclar bien pero sin que se monten.
Agregar poco a poco la mezcla de leche y crema, mientras mezclan con un batidor de mano hasta que esté todo incorporado. Pasar por un colador y vacíar en moldes individuales.

En un molde para horno lo bastante grande para que entren todos los moldecitos individuales, acomodarlos y poner agua caliente (no hirviendo) en el molde a la mitad de su capacidad. Esto es, a baño maría. Cocer en el horno a 150° durante 1h y 20min.
Dejar enfríar y refrigerarlas de 10-12hrs antes de desmoldarlas.
Servir frías bañadas de la salsa de su preferencia.

Author: Maricruz

Fotógrafa inventada y foodie por casualidad. Viajera curiosa y adoradora incondicional de los gatos. Vivo, respiro y me harto de cappuccinos (mi vicio!) en Roma, Italia.