En California, además de las modernas metrópolis, a las bellezas naturales, al océano pacífico, es fácil encontrar las misiones franciscanas. Estas misiones fueron los cimientos de la California colonizada de los españoles, eran centros comerciales y culturales y servían sobre todo para convertir al catolicismo a los nativos. Una de las más importantes de estas misiones se encuentra en San Luis Obispo exactamente a mitad del camino para ir de Los Angeles a San Francisco.

Precisamente por su locación escogimos esta misión y pueblo como primera meta en nuestro road trip californiano. En algo así como 4 horas de cómoda autopista de Los Angeles se llega a San Luis Obispo, el panorama cambia varias veces durante el camino ya que la primera parte corre paralela al océano mientras después se adentra en el parque Los Padres National Forest.

La pequeña ciudad de San Luis Obispo  fué fundada en 1772 de los españoles y debe su importancia a la omónima misión; fundada del padre Junipero Serra en el mismo año toma el nombre de  Ludovico di Tolosa obispo de Tolosa y tiene características arquitectónicas muy particulares que la distinguen de otras misiones californianas.

Una de estas características es la capilla con una planta a forma de L, en efecto la nave principal es corta y estrecha como en otras misiones, pero aquí es presente otra nave a la derecha del altar. Aunque si bien decorada en una manera simple, su grandeza y luminosidad la hace un lugar ideal para meditar y relajarse. A las espaldas de la capilla hay un gran jardín rodeado de una pérgola, aquí además del negocio de souvenirs está el museo histórico de la misión. En todo el lugar se siente un aire de paz y serenidad que da una carga para seguir con el trajín del día y las ganas de conocer toda la zona.

Alrededor de la misión creció la ciudad y allá nos fuimos a visitarla. San Luis Obispo para nosotros fué la primera impresión que tuvimos de la provincia estadounidense, caminando por las calles nos parecía de estar en una de esas series televisivas que cuentan la vida en estas pequeñas ciudades. Los negocios ya adornados para la navidad, los restaurantes que apenas abrían ya que era casi hora del almuerzo, ver a la gente con sus típicos vasos de café en la mano, los dueños y empleados de los negocios que se asomaban a la puerta para saludar a los transeúntes y uno ahí que solo piensa: Ya, estamos en USA.

Paseamos otro poco, entrando a algunos negocios a hacer una que otra compra (cosas utilísimas, como una diadema con cuernos de reno que Maricruz se empeñó en que le comprara). Los negocios a esa hora estaban casi vacíos así que luego de vagar un ratos nos fuimos a una taquería muy cerca de nuestro hotel a comer y luego de llenar el tanque del carro nos encaminamos a nuestra siguiente meta: San Francisco, que ya nos esperaba y no queríamos llegar demasiado tarde.