Al contadino non far mai sapere, quanto è buono il formaggio con le pere.

“Al campesino no hagas nunca saber, cuanto es bueno el queso con las peras” (obviamente en italiano tiene más sentido y se refiere que si el campesino sabe cuanto van bien el queso y las peras juntas, nunca más te las vendería porque se las comería todas).

No soy una gran fan de las peras, a pesar de cuanto pueden ser jugosas, dulces y perfumadas; la mayoría de las veces que como una resulta arenosa e insípida, como si la pera más disgustosa del canasto estuviera esperando solo a mi para comerla, mientras aquellas más ricas van a parar siempre en boca de otros.
Aún así, me encantan cuando se combinan con algo salado, por ejemplo en una ensalada o en la pizza. Uno de los primeros platos que sirvieron en la comida de mi boda fueron precisamente raviolis rellenos de pera y queso (gorgonzola y parmesano). Y fueron de tal éxito que hasta el día de hoy algunos se los recuerdan.

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Tenía un poco de pasta congelada que me había quedado de una tarta que le había preparado a mi sobrino (que pilló el sarampión y tuvo que estar en casa encerrado dos semanas), unas peras que no se decidían a madurar del todo y un poco de quesos rezagados en el refrigerador. Así que pensando que por nada del mundo me comería esas peras solas, decidí hacer una tarta.

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La receta es de lo más simple. Pueden usar la pasta que más les guste, va bien con todo, con pasta frolla, con pasta para pizza, hojaldre, etc.

100g de gorgonzola
200g de ricotta
1 pera pequeña sin cáscara y cortada a cuadritos.
1 pera mediana cortada en rodajas verticalmente
una pizca de sal

Pasar 5s la ricotta, la sal y la pera en cuadros en un mixer. Poner en un bowl y agregar el gorgonzola, incorporar todo con una cuchara hasta obtener una pasta omogenea. Untar esta pasta en la tarta de tu preferencia (pre-horneada) y meter al horno por 10min. Enfríar y agregar rodajas de pera fresca.

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Author: Maricruz

Fotógrafa inventada y foodie por casualidad. Viajera curiosa y adoradora incondicional de los gatos. Vivo, respiro y me harto de cappuccinos (mi vicio!) en Roma, Italia.