¿Se acuerdan de la entrada donde les decía que las peras y yo no nos llevamos bien?. No. No creo, porque la escribí hace mucho, cuando me seguian solo dos o tres personitas muy lindas además de pepito y su muñeco de peluche.
Bueno, pues si se la perdieron esta es una buena oportunidad de leerla y si les da flojera (que es muy posible) se los digo otra vez: Las peras me odian. No hay nada que hacer. Las veo hermosas, incitantes y mucho más apetecibles que la más roja de las manzanas, incluyendo la que mordió Adán.

Cuando voy al mercado y camino por los pasillos regodeándome con los colores de la fruta por doquier, los olores mezclados y las texturas de los productos exóticos que se encuentran ahí; invariablemente las encuentro, de todos tipos y colores. Y las compro. Las compro siempre.

Luego llego a casa y las lavo, con cuidado, como anticipando el momento de la primera mordida y es que aqui no me quiero poner cursi, pero cuando veo a Meg Ryan en City of Angels que le describe a Nicolas Cage a que sabe una pera, no puedo dejar de imaginarme en los zapatos de la Ryan cada vez que muerdo una (y no solo en los zapatos, sino en el cuerpo, la cara, la vida de lujos que ha de tener, etc.).

Pero ¡Oh desilución! mi maravillosa, sensualísima y jugosísima pera se convierte como por arte de magia en un vil, ordinario e incomible fruto donde los jugos en lugar de resbalarme por la barbilla se me van directo al esófago y la dulzura se vuelve amargura. De pura rabia pues.

¿Cómo es posible que si para la Meg Ryan y para todo el resto del planeta tierra una pera pueda ser deliciosa para mi es como jugar a la ruleta rusa? ¿Por qué me deben tocar las peras más desabridas, pastosas e incomibles de toda la cosecha italiana? Las escojo cuidadosamente, las lavo con atención, les hablo con cariño y hasta me ridiculizo actuando como la Ryan para ver si así se apiadan de mi y me conceden un poco de su dulzura. Nada. Yo no escojo las peras. Las peras escogen a mi.

Y bueno, todo este rampage fué solamente para decirles que compré unas peras preciosas hace unos días, intenté comerlas crudas como la gente normal y pasó lo que tenía que pasar. Que eran horribles.
Así que decidí (como siempre) darles matarile-rile-ron y asesinarlas con el cuchillo de mi desprecio. Ok. No. Solo las batí un poco para hacer una crostata de peras, queso y canela.

Era deliciosa. En un arranque de inspiración la serví bañada con yogurth de peras (toma ahí tonta pera, tonta que te como toda) y pedí a mi marido que le llevara un poco a unos amigos. Adiós peras, adiós. Yo no me rindo y así llene Roma de tortas y crostate, un día daré con la mejor pera, esa que la Meg Ryan se come y le describe a Nicolas Cage.

Crostata de peras

Para la masa:

  • 120 gr harina 00
  • 30g de azúcar glass
  • 90 gr di mantequilla fría
  • 1 huevo
  • 1 cdita de canela

  Para el relleno:

  • 3 peras medianas.
  • 40g de azúcar
  • 1 huevo
  • 150g de queso untable (philadelphia, mascarpone, etc.)

Poner la harina cernida a fuente en la mesa de trabajo. Agregar la mantequilla y con un cuchillo unirla poco a poco con la harina (sin tocarla con las manos)como si estuvieran cortándola hasta que se forme una especie de harina grumosa (como si fuera arena).

Cernir sobra el azúcar, agregar la canela y continuar mezclando con el cuchillo. Hacer un huequito en medio y agregar el huevo. Con la ayuda de un tenedor batir el huevo y dar una trabajada a la masa solo con el tenedor, tratando de mezclar los ingredientes. Ahora si es el momento de trabajar la masa. Es una pasta frolla (o lo que es lo mismo, masa quebrada), por lo que no se debe trabajar mucho, debe ser una amasada rápida y simple. Nada de giros, golpes y esas cosas.

Envolver en papel film y dejar reposar en el frigo por 1hr.

Mientras tanto lavar y pelar las peras. Dejar una aparte y las otras dos batirlas en el mixer. Batir en un bowl el huevo junto con el queso, agregar el azúcar y continuar batiendo hasta acremar todo. Agregar la papilla de peras y con un tenedor amalgamar todo. Cortar en trocitos la pera restante, agregarla a la crema que habíamos hecho y mezclar todo delicadamente.
Poner a reposar en el frigo.

Calentar el horno a 175°. Estirar la masa y forrar un molde para tarta previamente engrasado, pinchar el fondo y los lados para evitar que se alze. Hornear la crostata por 10min. Sacar y poner el relleno y hornear a 180° hasta que el relleno se sienta compacto (aprox 20min).

Buon appetito!

Author: Maricruz

Fotógrafa inventada y foodie por casualidad. Viajera curiosa y adoradora incondicional de los gatos. Vivo, respiro y me harto de cappuccinos (mi vicio!) en Roma, Italia.