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Altri anni, in questa data, a me comincia ad arrivare il profumo d’autunno. Profumo di foglie secche, di pioggia di mezzo pomeriggio, di torta di mele, di mattine fresche e di notti più lunghe.

Comincio anche a vedere come i verdi diventano gialli per poi passare al rosso e al marrone, a vedere vestiti più lunghi e anche qualche sciarpa tirata fuori dall’armadio con anticipo.

Ma questa volta l’autunno proprio non vuole lasciarsi vedere e si rifiuta di farci sentire il suo odore caratteristico. Quest’anno l’autunno viene con i colori piuttosto slavati. Come se stanco di tutta questa estate e di tutti questi lunghi pomeriggi al lago decise che non è ancora tempo per dilettarci con la sua esplosione di colori e natura morta.

Quest’anno l’autunno per noi viene carico di sorprese, che come tali non sappiamo ancora se saranno buone o cattive, e comunque l’aspettativa mi tiene mangiandomi le unghie e col cuore battendo a mille da quando spunta il sole fino alla sera.

Allora faccio quello che fanno in tante: Passo il tempo cucinando.

Vi ricordate la zucca che le abbiamo rubato preso al contadino l’altro giorno? Già, quella che ci consolò per l’assenza di more e che come vendetta (verso le more) volle venire con noi?

Bhè…quella zucca adesso riposa bella e buona nelle nostre panze. A mò di muffins. Erano buonissimi! Davvero. Se non mi credete fateli e vedrete.

Lo so, lo so che ormai vi ho stancato con questi muffin, ma che dire… sono facili e veloci da preparare e poi sono buoni sia dolci che salati. Allora che state qui a criticare invece di stare in cucina preparandoli? Fateli di zucca. Ma compratele.

La ricetta è questa (dovrete usare il traduttore) e l’unica diferenza è che sostituii la tazza di latte per una e mezza di purea di zucca (infornando -o cuocendo- una zuccha grande a pezzi e poi raschiandola e passandola per il mixer per qualche secondo).
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En otros años, que no este, a mi en estas fechas ya me empieza a oler a otoño. A hojas secas, a llovizna de media tarde, a pie de manzanas, a mañanas frescas y noches más largas.

Empiezo a ver como los verdes se convierten en amarillo para luego dar paso al rojo y al marrón,  empiezo también a ver vestidos más largos y alguna que otra bufanda sacada del closet con anticipación.

Pero este otoño no se da por enterado y se niega a dejarse oler o a darnos una miradita de su nuevo vestido. Este año el otoño viene con retraso y con los colores más bien un poco deslavados. Como si harto de tanto verano y de las tardes largas a la orilla del lago decidiera de que aún no es tiempo para deleitarnos con su explosión de colores y hojas muertas.

Este año el otoño viene para nosotros (mi familia y yo misma) cargado de sorpresas que como tales no sabemos aún si serán buenas o malas, pero bueno, sopresas son al fin y la expectativa me tiene comiéndome las uñas y el corazón al galope desde que despunta el sol hasta que cae la noche.

Entonces hago lo que muchas hacen: Engaño las horas cocinando.

¿Se acuerdan de la calabaza que le robamos tomamos al agricultor de mi cuñada? Ya. Esa que nos consoló de la ausencia de moras y que como venganza se quiso venir con nosotros.
Bueno, pues esa calabaza ya vivió tiempos mejores y ahora reposa sonoramente en nuestras barrigas. A modo de muffins. Estaban deliciosos. Si no me creen, haganlos y verán que es verdad.

Ya sé, ya sé que los tengo hartos con los muffins, pero es que son rápidos y fáciles de preparar y además son buenos sean dulces que salados. Así que no sean criticones y mejor pónganse a hacer muffins. De calabazas. Pero comprenlas, no se las roben a los agricultores.

La receta es esta y la única diferencia es que substituí la taza de leche por una taza y media de puré de calabaza, hecho poniendo a cocer la calabaza y luego raspándola con una cuchara para luego pasarla por el mixer por 20s (pueden también asarla en el horno para que pierda un poco de humedad, en lugar de cocerla, yo no lo hice porque no tuve tiempo!).

Author: Maricruz

Fotógrafa inventada y foodie por casualidad. Viajera curiosa y adoradora incondicional de los gatos. Vivo, respiro y me harto de cappuccinos (mi vicio!) en Roma, Italia.