En Bratislava habíamos reservado un hotel muy cerca del centro, como les había comentado, nuestra intención era la de quedarnos solo dos días, uno de los cuales no sabíamos aún si lo pasaríamos entero ahí o emprenderíamos el viaje temprano hacia nuestra siguiente meta (dependía de cuanto nos faltaría por ver en dicha ciudad).

La noche que llegamos a Bratislava fuimos a sacar dinero del cajero más cerca y ahí mismo nos enteramos que en dicho país el Euro es la moneda común (habíamos dado por descontado que no era así, por lo que fué una sorpresa). Dejamos maleta en el hotel y salimos a buscar un lugar donde cenar porque el restaurante del mismo no ofrecía platos típicos y no nos daban ganas de comernos una hamburguesa común con patatas fritas. Dimos con un lugar apenas a unos pasos del hotel que se reveló una verdadera joya y en el cual regresamos a cenar la noche siguiente también.

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Al día siguiente nos levantamos con calma y salimos a desayunar a un café del centro (12€ por dos cappuccinos y dos rebanas de torta). Recorrimos el centro visitando cada rincón interesante hasta que llegó la hora de comer y nos metimos en un restaurante que ofrecía platillos típicos del país, luego nos encaminamos al hotel y después de una ducha que de verdad necesitábamos (fué el día que más calor pasamos y también uno de los más soleados y bonitos) nos tomamos una siesta hasta las 4:30pm.

Por la tarde fuimos a visitar el Castillo de Bratislava (Hrad) y esperamos sentados en una banca de su hermoso jardín el atardecer que cayó sobre el Danubio. Por la noche regresamos al restaurante mencionado anteriormente y nos despedimos de la ciudad decidiendo que sería mejor si emprendíamos el viaje a nuestra siguiente meta por la mañana.

Bratislava nos pareció una ciudad muy turística y es comprensible ya que ofrece una buena alternativa para viajara a Viena que está a solo 1hr, muchos optan por tomar un vuelo lowcost (del tipo Ryanair) para después solo tomar el tren a la capital austriaca.
La ciudad es más cara de Cracovia o Varsovia, sobre todo si se consume en el centro, pero basta que se aleje uno un poco de ahí para encontrar restaurantes que ofrecen comida típica a precios más decentes.

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Author: Maricruz

Fotógrafa inventada y foodie por casualidad. Viajera curiosa y adoradora incondicional de los gatos. Vivo, respiro y me harto de cappuccinos (mi vicio!) en Roma, Italia.