Si alguien me preguntara cual es la cosa que me sigue sorprendiendo de los italianos seguramente respondería sin pensar dos veces: La pasión que demuestran por la gastronomía.

Es tan sabido que cuando de comida se trata, los italianos discuten con un fervor y una pasión que deja a más de uno (sobre todo si como yo, es extranjero) tembleque y con ganas de mandarlos directito al diablo después de una acalorado debate sobre quien o donde se inventó que o cual platillo típico.

Que si la carbonara lleva crema o que si es de ignorantes ponerla.

Que la amatriciana si fuera una persona y estuviera muerta, se volvería a morir solo de vergüenza al ver que la preparan con pancetta y no con el guanciale.

Que es de la nueva era foodstyling y sobre todo culpa de Jamie Oliver (aunque el pobre no lo sabe) el ponerle cuadritos de pan tostado a la panzanella cuando todos -remarco- TODOS sabemos que se hace con el pan bañado en agua y vinagre.

Y que si yo le diera una caponata -como la que hice el otro día- a un siciliano, me la tiraría en la cabeza y me recordaría cariñosamente a todos mis muertos (y vivos).

Si quieres hacer enojar a un italiano, dile que el tiramisù sabe rico con crema montada, que cacio e pepe queda mejor si le agregas un chorrito de aceite de oliva y que Pizza Hut es tu favorita. Verás como de repente lo ves que se le pone la cara roja y al minuto siguiente te encuentras enmedio de una discusión que puede durar horas y de la cual no solo saldrás convencida de que tienen razón, sino que andrás derechito a tu casa y botarás todos los libros de cocina italiana que han sido hasta ahora tu guía a la gastronomía de este hermoso país.

Los italianos tienen buena memoria y están tan orgullosos de su gastronomía que son capaces de lanzarte un discurso con pros y contras de porque es mejor seguir las tradiciones en la cocina. De que todos los platos tradicionales tienen una historia y si su cocina ha llegado hasta los rincones más inóspitos del planeta es por una buena razón.

Ni entre parientes se perdonan. El verano pasado estuvimos en Sicilia y fuimos a comer varias veces al restaurante de un conocido de mi marido. Yo me enamoré perdidamente de la caponata.
Cuando le pregunté a Saro (el propietario) que como cocinaban tan estupendo plato, me respondió con una lista de los ingredientes y con la primorosa frase: –Pero a mi no me gusta como la cocina mi hermana, queda demasiado dura y la verdadera caponata es más pulposa, casi deshecha, me gusta más como la cocino yo-.

Le quise tirar mi plato (previamente limpiado con pancito, claro) porque ¿Cómo se atrevía a ponerle defectos a algo tan delicioso, invitante y perfecto a la vista y el paladar?. No lo hice solo porque era el primer día que yo iba a dicho restaurante y tenía pensado volver al menos una vez más a degustar no solo la caponata, sino todos los demás platos sicilianos. Me limite a sonreír a asentir con la cabeza pensando que los italianos (incluyendo el mío) están locos.

Hace unas semanas Norma y Gianni nos invitaron a cenar en la espléndida terraza de su casa y nos deleitaron entre otras cosas con una deliciosa caponata. De esas que le gustan a Saro y que seguramente le habría dado el visto bueno sin chistar porque aparte que estaba de chuparse los dedos, era con el punto justo de cocción que a los sicilianos gusta tanto. A mi, claro, me encantó. Pero la caponata de aquella cocinera se me quedó en el corazón y testaruda como soy, quise hacerla copiando la receta de las dos partes: Una parte de Norma y otra de la hermana de Saro.

Mi caponata no es tal. No lleva apio, alcaparras y le puse solo las verduras que tenía a la mano, eso si, las verduras eran todas cultivadas en el huerto de mi cuñada y que nosotros descaradamente le robamos tomamos. Me niego a llamarla caponata porque me da miedo que si un siciliano me lee, me tumbe la página con el poder de la mente por el berrinche que pasará al ver que ‘mi’ receta está muy lejos de la original. Pero si les digo que Max y yo nos chupamos los dedos, nos terminamos casi 1/2k de pan mojando en el aceitito y que si la prueban, no van a notar que la hizo una mexicana con ínfulas de italiana.

Caponata (non)

  • 3 berenjenas pequeñas
  • 1 pimiento rojo
  • 1 pimiento verde
  • 1 cebolla de Tropea (morada)
  • 1/2 cebolla blanca
  • 2 tomates medianos maduros
  • 60grs de pasas
  • 60grs de piñones
  • un puñado de olivas negras deshuesadas
  • 1 1/2 cdas de azúcar
  • 1/2 vaso de vinagre de vino blanco
  • Albahaca
  • Sal y aceite de oliva extravirgen

Poner a remojar las pasas en un poco de agua tibia. Sancochar los tomates, pelarlos y quitarles las semillas; cortarlos en cuadritos y reservar. Lavar y cortar a cuadros las berenjenas y ponerlas cubiertas en sal a que suelten lo amargo (unos 15min). Enjuagarlas y secarlas con papel de cocina.  Freírlas en abundante aceite de oliva extravirgen (uno bueno hace la diferencia). Reservar.
Lavar y cortar el resto de las verduras a cubos. Freirlas separadamente y luego agregar todo en una sartén grande. Bañar con el vinagre, agregar las pasas, piñones y olivas. Espolvorear con el azúcar y ajustar de sal, amalgamando todo delicadamente. Dejar cocinar por unos 3-4 minutos sin revolver, solo agitando un poco la sartén. Se debe evaporar casi todo el vinagre.
Perfumar con la albahaca y servir inmediatamente.

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Se qualcuno mi chiedesse qual’è la cosa che mi continua a sorprendere degli italiani, sicuramente risponderei senza pensarci due volte: La passione che hanno per la loro gastronomia

E’ risaputo che quando si tratta di cibo, gli italiani discutono con un fervore e una passione che lascia perplessi (sopratutto per chi come me è straniero) e con una voglia di mandarli al diavolo dopo un accalorato dibattito su chi e dove ha inventato questo o quel piatto tipico.

Che se la carbonara fatta con la panna è da ignoranti.

Che se l’amatriciana fosse una persona e fosse morta, resusciterebbe per morire di nuovo dalla vergogna nel vedere che la cucinano con la pancetta e non col guanciale.

Ch’è una moda del foodstyling e sopratutto colpa di Jamie Oliver (anche se poverino non lo sa) il mettere quadretti di pane tostato nella panzanella quando tutti -e rimarco- TUTTI sapiamo che si fa col pane bagnato in acqua e aceto.

E che se io mi azzardassi a dargli una caponata -come quella che ho fatto- a un siciliano, me la butterebbe in testa e mi mandarebbe diretto a quel paese.

Se vuoi fare arrabbiare a un italiano, digli che il tiramisù è buonissimo con la panna montata, che cacio e pepe ha un sapore migliore se si aggiunge un goccino d’olio e che la pizza di Pizza Hut è la tua favorita. Vedrai come al improviso lo vedi che diventa rosso in faccia e all’attimo seguente ti trovi in mezzo di una discussione che può durare ore e della quale non solo uscirai convinta che hanno ragione, ma andrai diritta a casa tua e butterai tutti i libri di cucina italiana che fino ad allora erano stati la tua guida gastronomica di questo bellissimo paese.

Gli italiani hanno buona memoria e sono così orgogliosi della loro gastronomia, che sono capaci di bombardarti con un discorso sui pro e contro di perchè è meglio seguire le tradizioni in cucina. Che tutti i piatti tradizionali hanno una storia e che se la loro cucina è arrivata ai confini più inospitali del pianeta è per una buona ragione.

Neanche fra parenti si perdonano. L’estate scorsa siamo stati in Sicilia e siamo andati a mangiare varie volte al ristorante di un conoscente di mio marito. Io mi sono innamorata persa della loro caponata.

Quando chiesi a Saro (il proprietario) che come cucinassero questo stupendo piatto, mi rispose con una lista degli ingredienti e con questa frase: -Ma veramente a me non piace tanto come la cucina mia sorella, resta troppo dura e la vera caponata è più polposa, quasi spappolata, mi piace di più come la cucino io-.

Avrei voluto tirargli il mio piatto in testa (previamente fatta la scarpetta però)  perchè….come si azzardava a trovargli dei difetti a qualcosa così buono, invitante e perfetto alla vista e al palato?. Non lo feci solo perchè era il primo giorno che ci andavo a quel ristorante e avevo in mente di tornarci non solo per la caponata, ma anche per gli altri piatti siciliani. Mi sono limitata a sorridere ed annuire con la testa, pensando che gli italiani (includendo il mio), sono matti.

Qualche settimana fa, Norma e Gianni ci invitarono a cena sulla loro splendida terrazza e ci deliziarono tra le altre cose, con una buonissima caponata. Di quelle che gli piacciono a Saro e che sicuramente avrebbe approvato senza problemi perchè altro ch’era da leccarsi le dita, era al punto giusto di cottura -quello che piace tanto ai siciliani-. A me di certo mi piacque tanto, ma testarda como sono, volevo farla come quella del ristorante in Sicilia. Quindi, presi una parte della ricetta della sorella di Saro e un’altra di quella di Norma.

La mia caponata non è tale. Non c’è il sedano, ne i capperi e gli misi solo le verdure che avevo a portata di mano. Le verdure però eranno freschissime, appena rubate colte dall’orto di mia cognata. Mi rifiuto solennemente di chiamarla caponata perchè ho paura che se un siciliano mi leggesse, mi hackarebbe la pagina col potere della mente solo al vedere che la “mia” ricetta non si avvicina a quella tradizionale. Ma vi dico solo che Max e io ci siamo leccati le dita, abbiamo quasi finito mezzo kilo di pane e che se la fate, non notereste che l’ha cucinata una messicana con complesso d’italiana.

Caponata (non)

  • 3 melanzane piccole
  • 1 peperone rosso
  • 1 peperone verde
  • 1 cipolla di Tropea
  • 1/2 cipolla bianca
  • 2 pomodori medi
  • 60gr di uva passa
  • 60gr di pinoli
  • un pugno di olive nere disossate
  • 1 1/2 cucchiaio di zucchero
  • 1/2 bicchiere di aceto di vino bianco
  • basilico qb
  • sale e olio d’oliva qb

Mettere a mollo l’uva in un pò di acqua tiepida. Sbollentare i pomodori, pelarli e togliergli i semi; tagliarli a quadratini e mettere da parte. Lavare e tagliare a cubetti le melanzane. Metterle in un piatto coperte col sale per una quindicina di minuti. Sciaquarle e asciugarle con carta da cucina. Friggerle in abbondante olio extravergine di oliva (uno buono fa la differenza). Mettere da parte.

Lavare e tagliare il resto della verdura a cubetti. Figgerle separatamente e quindi aggregare il tutto (verdure) in una padella grande. Bagnare coll’aceto, aggiungere l’uva passa, i pinoli e le olive. Spolverare con lo zucchero ed aggiustare di sale amalgamando tutto delicatamente. Lasciare cuocere per circa 3-4 min senza girare, scuotendo un pò la padella. Si dovrebbe evaporare quasi tutto l’aceto.

Profumare col basilico e servire.

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