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De Pan de muerto y una conversación con mi madre.

Y mientras Facebook se empeña en seguirme recordando que hace dos años yo me encontraba en México, disfrutando de mi fiesta favorita y comiendo verdadero Pan de Muerto; yo me consuelo preparándolos en mi cocina. No será exactamente igual pero al menos me quita un poco esta nostalgia tremenda que me entra en este mes y me hace andar como alucinada adornando la casa con calaveritas de azúcar, flores de papel anaranjado y vasijas de barro. A ver quien es el listo que aguanta que su mujer no hable de otra cosa que de muerte, leyendas, costumbres milenarias y demás.

No sé si sean los días lluviosos, las hojas secas de los árboles que empiezan a caer y en general este ambiente un poco triste y melancólico que irremediablemente nos trae el otoño, lo cierto es que todos estos años no han servido a curarme los ataques de nostalgia que me dan en estas fechas. Entonces no me queda otra que tratar de combatirlos como mejor puedo: cocinando, fotografíando y compartiendo momentos con las personas que quiero. Vivas y muertas, porque estas últimas siguen conmigo en espíritu y en estas fechas sobre todo, las siento más cercanas que nunca.

No estoy loca. Al menos eso quiero pensar. Es simplemente que a veces me hacen mucha falta esas personas que ya no están conmigo físicamente. Entonces llegando estas fechas tiendo a hablar con ellas, a decirles lo que ha pasado en el transcurso del año, a ponerlas al tanto de mi vida, de como proceden las cosas y de cuanto los extraño.

En especial me hace falta mi madre.

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Hace unos días viví una de las peores noches de mi vida por culpa de un huracán llamado Patricia y sus amenazas de arrasar al suelo el pueblito costero donde nací y donde casualmente viven mi hermana y sus cuatro niños. Me imaginé la peor de las tragedias, le estuve hablando cada quince minutos hasta que la pobre creo que la asusté y la puse de nervios porque curiosamente ya después no me pude comunicar. O fué eso o fué que justo en mi última llamada el huracán estaba tocando tierra y las señales de internet y teléfonos volaron por los aires durante casi 24 horas.

La dichosa Patricia se le ocurrió entrar taconeando justo en la zona donde vive mi hermana, mientras los vientos furiosos hacían azotar las olas hasta el malecón, mi hermana, a menos de 200mt de ahí, entretenía a sus críos con cuentos y juegos.

Mientras tanto yo, en la comodidad de mi casa y a miles de kilómetros de ahí, deambulaba como una zombie  y me tomaba el enésimo té para los nervios. A un cierto punto de la noche no pude más y me eché a llorar fuera de control. Ya estaba. Necesitaba hablar con alguien y no podía angustiar más a mi marido que dormía en la recámara. Entonces hice lo que muchas veces me ha calmado cuando las cosas se ponen fuera de mi control: Platiqué con mi mamá.

Le dije que por ahí intercediera con alguien, con quien fuera, no me importaba si era con uno de los intermediarios o con el jefe directamente y que le dijera que bajo cualquier punto de vista, una tragedia era lo último que necesitaba en mi vida. Es cierto que ultimamente la vida me ha tratado decentemente, pero que no se le olvide (al jefe) que muchos años atrás, esa misma vidita me trató tan mal que aún quedan por ahí rezagos de cuentas que me debe. Bueno, se las perdonaba toditas si me concedía, por esta vez, la dicha de volver a hablar con mi hermana y mis sobrinitos. Y que ya que hablabámos de ellos, que no se le olvidara que esos niños están muy mal acostumbrados y quieren comer todos los días y tener un techo y una cama calientita todas las noches, así que por favor, que a ver si ya iba evitando que la tal Patricia se llevara la casa que con tanto sacrificio habían levantado.

Mi mamá me dijo que estaba bien, que iba a ver que podía hacer pero que no me prometía nada, que en todo caso ella sabía cuanto yo era fuerte y que para mantener esa fuerza lo mejor era que me regresara a la cama. Al principió me negué, pero luego, como buena hija obediente, dí el último sorbo a mi té y me fuí a dormir unas horas.

A la mañana siguiente me desperté con la noticia que la furia de Patricia se había aplacado apenas tocando tierra y el desastre que se esperaba afortunadamente no se hizo realidad. Seguí sin poder comunicarme con mi hermana por varias horas, sin embargo, los vecinos y la gente del lugar me aseguraron que todo estaba bien y que mi familia estaba sana y salva.

Así que este año pongo mi altarcito del Día de Muertos dedicado exclusivamente a mi madre. Por haberme confortado esa noche, por haber servido de intermediaria, porque imaginándola a mi lado sentí que todo iba a estar bien. Porque sé que su espíritu está cerca de mi, siempre silencioso y protectivo, pero sobre todo, porque la extraño mucho y esta es la única manera que tengo de dedicarle un poquito de mi tiempo.

Pan de muerto
Author: 
Cuisine: Mexican
Prep time: 
Cook time: 
Total time: 
 
Ingredients
  • 300 gr de harina 00
  • 200 gr de harina Manitoba
  • 140 gr de mantequilla a punto de pomada
  • 100 ml de leche
  • 50 ml de jugo de naranja
  • 150 gr de azúcar
  • 20 gr de levadura fresca
  • 2 huevos
  • ½ cdita. de sal
  • 1 cdita. de esencia de Azahar (la flor del naranjo)
  • Rayadura de naranja
  • Azúcar y mantequilla extra para la decoración
  • Sésamo para decorar
Instructions
  1. En una vasija poner la levadura desmoronándola con los dedos. Agregar la leche tibia y una o dos cucharadas de harina. Mezclar bien y dejar a reposo por 30 min en un lugar tibio.
  2. Cernir las harinas junto con la sal y formar un volcán en una superficie lisa y grande. Agregar la rayadura de naranja.
  3. En otra vasija poner el jugo de naranja, la esencia de azahar y los huevos. Batir para incorporar los ingredientes.
  4. Agregar el preparado de huevos al centro de la harina, luego, comenzar a incorporar con los dedos poniendo atención de no romper el volcán para que no salga el líquido.
  5. Agregar la mantequilla en trocitos y continuar incorporando los ingredientes.
  6. Agregar la masita con la levadura, que para este tiempo deberá ya de haber crecido un poco.
  7. Cuando la harina habrá absorbido bien los líquidos comenzar a amasar ayudándose con una espátula para recoger bien toda la harina de la superficie.
  8. Engrasarse un poco las manos con mantequilla y continuar con el amasado hasta que la harina haya absorbido bien los líquidos y la grasa. Podrá parecer que la masa es un poco pegajosa pero con el reposo la harina de fuerza terminará de absorber los líquidos, en todo caso, si es necesario y la masa es demasiado líquida (depende del tiempo de amasado y de la calidad de la harina), agregar una o dos cucharadas de harina de fuerza (Manitoba).
  9. Poner en un recipiente engrasado, cubrir con tela y dejar reposar en un lugar tibio hasta que la masa haya doblado su volumen.
  10. Dividir la masa en 10 partes iguales y a cada parte quitarle una pequeña porción del tamaño de una castaña.
  11. Con las partes más grandes formar bolitas tratando de no manejar demasiado la masa. Acomodarlas en una o dos charolas previamente engrasadas o cubiertas con papel de hornear.
  12. Dividir las partes pequeñas en tres partes iguales y con estas formar los adornos típicos del Pan de Muertos, de la siguiente manera: Estirar dos de las partes en un tubito, utilizando los dedos y presionando para que queden una especie de "huesitos", con estos formar una cruz sobre los panes.
  13. Con la parte restante formar una bolita que posicionarán sobre la cruz en cada uno. Cubrir con tela y dejar reposar en un lugar tibio el tiempo que sea necesario para que doblen su volumen.
  14. Pueden proceder con la receta o si desean que el pan tenga una costrita crujiente y un color más dorado pueden pincelar los panes con un huevo batido e incluso agregar semillas de sésamo.
  15. Calentar el horno a 180°C y hornear los panes hasta que la superficie esté dorada, aproximadamente 17min en horno ventilado.
  16. Apenas sacados del horno pincelarlos con un poco de mantequilla derretida y luego espolvorearlos con azúcar.
 

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2 Comments

  • Reply
    Marhya
    octubre 28, 2015 at 11:07 am

    Me alegro mucho de que tu familia esté bien y de que sólo quedase en la angustia de un día o de unos días, en el miedo y nada más (aunque no es poco).
    Vivir lejos siempre hace que nos pongamos en lo peor y es verdad que daban unas expectativas negras.
    El pan de muertos se ve divino, no lo he comido nunca, a ver si tengo ocasión estos días que ando a mil de prepararlo.
    Un beso grande.

    • Reply
      Maricruz
      octubre 29, 2015 at 7:01 am

      Gracias Marhya, si fué un buen susto y aunque el huracán si que dejó daños materiales (en otras zonas), la verdad es que no fué ni el 1% de lo que se esperaba.

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