Releyendo el comentario que Max me dejó en el post pasado, me reía y recordaba que días tan…extraños pasamos en estas últimas semanas.
Para empezar los de la redacción de Alice in Cucina decidieron de mandarme un pedido extra de fotos después de haberme sumergido por días enteros en huevos hasta decir basta. Y ¿Adivinen de que era el pedido extra? De huevos naturalmente.

Les puedo jurar que no he visto tantos huevos juntos desde mis tiempos de niña e íbamos a pasar el verano al rancho, entre vacas, borregos, patos y gallinas.
Cuando le dije a la chica que vende huevos en el mercado que me preparara 100 porque pasaría más tarde a recogerlos no me lo creía. Mi marido dice que se han de haber puesto a hacer trenecito y a cantar por haber vendido tantos huevos, pero pienso que exagera.

100 huevos. 100 cáscaras de huevo. Más de 20 recetas y otras tantas fotos. No podía más de huevos en mi casa, el colesterol se nos ha de haber subido a tope.

El 14 de febrero mi marido llegó con una caja de fresas con chocolate, un llaverito en forma de borreguita y un beso a la carrera. Y partió a buscar más huevos. De pato. ¿A quien se le ocurre que las patas puedan tener ganas de poner huevos en estos días tan fríos?
Pienso que las patas en este momento han de estar bañándose en algún tibio lago de la Argentina mientras se ríen a carcajadas pensando en mi pobre marido recorriendo media Roma para encontrar huevos de pato.
Regresó sin nada, naturalmente. Y mi 14 de febrero se pasó entre recetas con huevos, trabajo y unas ganas de vivir en un país donde los patos no se van de vacaciones.

La historia de los huevos desgraciadamente coincidió con “esos días del mes”, donde todo es más gris, porque no compraste huevos de gallina si no había de pato!?, no puedo más de tanto huevo!, yo boto todo verás! mis fotos son horrendas, YO soy horrenda, mira que fea se me ha puesto la caraaaaa. En fin, ustedes saben a cuales días me refiero y me imagino que el pobre de su marido también.

Al día siguiente, a eso de las 8:30pm y acabando de editar la última foto, mi marido preparó todo para cenar en la cama mientras yo me duchaba maldiciendo por la enésima vez que precisamente este año estemos pasando uno de los inviernos más duros de la historia, donde los patos y demás volátiles ni de broma se les ocurre sentarse y poner un maldito huevo.
Cenamos y luego de otra medio-pelea (digo media porque en realidad era yo quien buscaba pelear a toda costa), pedí disculpas a mi marido, le agradecí una vez más por sus regalos y por el hecho de ni siquiera haberme hecho notar que YO NO le había regalado nada y le dije que a pesar de todo el trabajo, de todo mi malhumor y de todos esos huevos, me sentía muy afortunada de tenerlo como mi Valentín.

¿Y ustedes? ¿Cómo se pasaron el día de San Valentín?

Espárragos y coliflor al horno con pesto de salvia, tomillo y pistaches

Verduras de su preferencia. {500gr de espárragos y media coliflor pequeñita}

Para el pesto:
5 cdas de aceite EVO
1 1/2 cda de pistaches
10 hojas de salvia
1 cdita de tomillo fresco
1 diente de ajo
1 cdita de sal

Poner todo en un mortero y machacar hasta obtener una pasta.
Calentar el horno a 200°. Lavar y cortar las verduras. Cocerlas al vapor por pocos minutos hasta dejarlas al dente.
Ponerlas en una bandeja de horno y agregar el pesto. Mezclar. Hornear por 15-20min o hasta que estén doradas encima.

Author: Maricruz

Fotógrafa inventada y foodie por casualidad. Viajera curiosa y adoradora incondicional de los gatos. Vivo, respiro y me harto de cappuccinos (mi vicio!) en Roma, Italia.