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Datong, China

Una de las experiencias más incómodas y frustrantes que vivimos fué en nuestro viaje de Pingyao a Datong en tren. Yo la culpa se la voy a dar siempre a Jane (nuestra guía en Anhui) porque ya nos hubiera conseguido boletos menos peores de los que nos consiguió. No solo el trayecto que se suponía de 7hrs se convirtió en 9 y media, sino que además fuimos sentados en esos asientos duros como piedras y tan bajos que aún a una de mi estatura le quedaban las rodillas bajo el mentón. Como si eso no fuera poco, nos tocó asientos diferentes con el pasillo de por medio, lo cual quiso decir que ni siquiera me pude echar una pestañita…no eran ondas que me le encaramara al chino de al lado ¿verdad?. Hablando de mi compañero de asiento, ¿han escuchado decir que en China la gente escupe a diestra y sinistra cuando va por la calle?, bueno, es verdad. O al menos durante la duración del viaje el señor de al lado no encontró diversión aparte de la de ir escupiendo cada dos por tres, lo cual fué bastante asquerosito.

Lo incómodo del viaje no nos desanimó y cuando vimos el hotel tan hermoso que habíamos reservado todos nuestros lamentos se hicieron humo. Ya saben que con eso de las reservadas de hotel a veces no se está muy seguro, pero en este caso nuestro hotel y habitación superaron todas las expectativas. -mega tina de baño, habitación de 60mt², vista espectacular, etc.-

Lo de la vista espectacular es un decir. Datong fué la ciudad más fea en la que estuvimos. Con sus enormes calles llenas de construcciones la ciudad misma parece una cantera viviente que no tiene fin. Pero lo que nos esperaba fuera de ella valió en mucho la pena el golpe de vista de la ciudad tan poco atractiva.

El mismo taxista que nos llevó de la estación a nuestro hotel se convirtió al día siguiente en un guía de punta en blanco que nos esperaba a la entrada del hotel y nos llevó a los dos lugares por los cuales uno va a Datong:

Xuankong Si (Templo colgante)

El viaje del hotel al templo colgante me lo pasé en duermevela apoyada en el hombro de Max (nos habíamos levantado muy temprano) y solo lo hermoso y desolado del paisaje me impidió dormir. Montañas y más montañas de color marrón circundaban la carretera vacía a esa hora del día.

Cuando llegamos a nuestro destino lo primero que me impresionó fué lo frío del lugar y el viento intenso que hacía. Tengan en cuenta de que era octubre, no quiero ni imaginar como será de frío en pleno invierno, aunque el espectáculo de las montañas vestidas de blanco debe ser para quitar el aliento.

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Viendo el templo desde abajo ya se siente incluso el vértigo y no dejas de maravillarte y preguntarte como un lugar así ha podido soportar años y años de climas extremos. Una cosa es cierta, la vista desde abajo es romántica e impresionante, parece un viejo castillo en ruinas suspendido en el aire a la espera de desmoronarse en cualquier momento.

Aún y todo (Max sufre de vértigo) decidimos de subir, en realidad no está tan alto (o al menos no me lo pareció a mi), pero el crujir de las maderas del templo mientras caminas por los estrechísimos pasillos te hacen replantearte si no es mejor quedarse abajo y contemplarlo desde la seguridad del piso firme.

Cuando llegamos el lugar estaba casi vacío, pero en China bastan dos minutos y de repente te encuentras ya con otros 200 turistas que han tenido la misma idea que tu de ir temprano al lugar. Es mejor decender porque la idea de estar allá arriba con quien sabe cuantas toneladas de peso sobre esa estructura la verdad es que da un poquito de miedo.

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Yungang Shiku (Grutas de Yungang)

Nuestra segunda parada fué en este lugar, donde los budas esculpidos en piedra te dejan con la boca abierta y lo inmenso y limpio del lugar con las ganas de no irte nunca más de ahí.

Les cuento que tengo unos amigos que fueron a este mismo lugar hace solo cinco años y cuando comparamos fotos nos quedamos sorprendidos de lo mucho que ha cambiado la zona, lo cual nos dice bastante de la velocidad y facilidad con que en China se construyen las cosas.

Nadamás entrar te das cuenta de que todo eso es nuevo, que solo para llegar a ver las grutas te va a tomar un buen de tiempo. Aqui tienes la opción de que si cuentas con poco tiempo lo mejor es que uses uno de esos minibuses que te llevan hasta la meta, pero eso significa que te perderás mucha de la belleza del lugar.

Nosotros llevábamos 3 horas disponibles, o al menos es lo que nos dijo el guía que nos esperaría, pero debo decir que al final no nos bastaron esas tres horas. De ida hacia las grutas me paraba en cada lugar a tomar fotos, leer la guía, gozarme el silencio y la quietud.

Una vez llegados a las grutas no dejamos de impresionarnos por la belleza de los budas esculpidos en piedra que han soportado estoicamente el paso del tiempo. En una de las fotos pueden ver a Max que está tomando una foto al Buda y darse una idea de lo grandes que son. Para saber más sobre las grutas leer aqui.

Terminada la visita y a paso veloz nos tomó cerca 20min desde la gruta hasta al entrada donde estaba el taxi.

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