Yo no carburo por las mañanas. De verdad. Es increíble, pero mientras podría preparar el almuerzo para doscientas o trescientas personas, o mejor aún, la cena; los desayunos para mi son fatales. No logro poner un pie detrás de otro pie y el empezar a caminar, ducharme, vestirme, en fin…todo el ritual que se requiere para comenzar el día, significa un esfuerzo tremendo de mi parte.

No es unicamente una cuestión de tristeza o depresión, es solo que siempre he sido así. Recuerdo los esfuerzos titánicos de mi madre para mandarme a la escuela, la de veces que me quedé dormida mientras sorbía mi licuado de banana con chocolate en la mesa de la cocina o como a veces hacía tanto calor que las duchas con agua fría por las mañanas eran una cosa normalísima y yo ni con eso lograba arrancar. Siempre fué lo mismo.
No digo que soy asi todas las mañanas, pero si debo ser honesta…al menos 4 de 7, si. En casa yo no preparo desayunos. En seis años de casados si he preparado 20 desayunos han sido muchos. Es Max quien se levanta, prepara el café y el cornetto con la mermelada y me lo lleva a la cama.
Si por alguna razón me despierto primero, respiro profundamente, me estiro, revuelvo las cobijas, doy una patadita “involuntaria” a Max…todo, con el firme propósito de despertarlo. Entonces lo oigo gruñir, cambiar de posición y meterse a dormir de nuevo.
A este punto no me queda de otra que aceptar que me he despertado, entonces lo abrazo por detrás, le beso el cuello y susurro:

amore, ¿estás dormido?
-….silencio total-
amore ¿duermes? (más fuerte)
-sonido gutural: -si-
¿si? bueno…yo estoy despierta…y tengo hambre ¿seguro que duermes?

A este punto empieza a reirse, se voltea y me dice: Bueno, dormía, pero entre tú y Lola que salta de un lado a otro jugando con un pedazo de papel, creo que ya me despertaron. Entonces se levanta y prepara el desayuno.

Asi que la siguiente receta fué hecha una de esas rarísimas mañanas en las que si me levanté a preparar yo el desayuno.

Churros

  • 1 taza de harina
  • 1 1/2 taza de agua o leche
  • 1 cucharada de manteca o mantequilla
  • 1 huevo
  • 1 cdita de sal
  • 1 cda de azucar
  • 1 trocito de canela
  • Aceite para freír, el necesario
  • Azúcar y canela en polvo al gusto

Poner el agua a hervir con la sal, la mantequilla y un trocito de canela. Una vez que hierva sacar el trocito de canela y vaciar la harina de un solo golpe. Apagar la flama e incorporar la harina con una cuchara de madera hasta obtener una pasta uniforme, continuar amalgamando hasta que deje de salir el vapor. Agregar el huevo y mezclar bien. Poner la pasta en una churrera o en una manga pastelera con una punta a forma de estrella del #5 aproximadamente (yo no tengo churrera, así que usé eso).


En una cacerola profunda poner bastante aceite y calentar a fuego alto. Freír los churros hasta que tengan un color dorado, ponerlos en papel absorbente y luego pasarlos en azucar y canela. Servir calientitos con la bebida que prefieran. Yo opté por el chocolate como lo preparaba mi abuelita, líquido y con un toque de canela.

Para finalizar les cuento que ya me siento un poquito mejor y que agradezco de todo corazón sus comentarios en el post anterior. Han significado mucho para mi. De verdad, mil gracias.

Author: Maricruz

Fotógrafa inventada y foodie por casualidad. Viajera curiosa y adoradora incondicional de los gatos. Vivo, respiro y me harto de cappuccinos (mi vicio!) en Roma, Italia.