Hace unos días, mientras nos acomodabámos en la cama después de cenar (¡viva la michelín!) para ver el partido de Ghena-Alemania, le pregunto a Max:

– ¿Dónde está Ghana?
– Cerca de la Costa de Marfil
– Y ¿Dónde está Costa de Marfil?
– Abajo de Mali
– Y ¿Dónde está Mali?
– Abajo de la Argelia
– ¿En dónde está Argelia?
– A un costado del Marruecos
– Me suena…¿Dónde está el Marruecos?
– ¿Tienes presente la España?
-¡Si!
– Bueno, pues abajo de la España
– Aaaah. Entonces si sé donde está.

Max ríe, me abraza y me da un beso. Sabe que no estoy bromeando y que como ya habrán notado, soy una papa con la geografía. A decir verdad, soy una papa para la historia también.
Mientras Max tiene una memoria de elefante y es capaz de rezarte, elencarte y describirte todos y cada uno de los países del mundo con sus capitales y sitios de interés, yo fatigo para recordar que países colindan con México. Ni me pregunten cuales países están en centroámerica y cuales en sudámerica por favor. Que francamente recuerdo a mal apenas un par.

Me encanta ver el fútbol con mi marido. Es divertido porque es como tener un comentarista privado que te saca de todas tus dudas en tiempo real. Ver el fútbol con Max significa conocer datos que ya los envidiaría el mismísimo Enrique Bermúdez. Se sabe de memoria todos y cada uno de los mundiales. Esto es, formaciones, octavos de finales, eliminaciones, amonestados, penalties, semifinales, finales, etc, etc. No es broma.

Cuando llegué a Italia, cada vez que ibámos a alguna fiesta o reunión, yo temblaba, sólo de imaginar que seguramente alguien, en algún momento, me preguntaría un hecho histórico ocurrido durante La Conquista, La Revolución o La Independencia de México.
Y es que yo mezclo estos dos últimos hechos históricos en un mismo contenedor, les doy vuelta, lo agito y de ahí sale una mezcla donde el Cura Hidalgo luchaba mano a mano con Pancho Villa  y en donde  J. María Morelos se hablaba del tú con Porfirio Díaz.
Algunas veces hasta lo salpimento con anécdotas que nunca ocurrieron. Por ejemplo que Emiliano Zapata fué acuchillado por una bellísima poblana con la cual se daba sus buenas retozadas en la cama entre batalla y batalla y que esta al descubrir que Milito no solo retozaba en Puebla sino también en todos los estados en los que se detenía, le plantó un cuchillo de carnicero en medio del corazón, dejándolo ahora si como diría Alejandro Sanz…con el corazón partío.
En realidad Emiliano Zapata murió víctima de una emboscada. Pero yo esto lo supe hasta hace poco o quizás ya lo sabía pero se me había olvidado.
Mi amiga Chris dice que yo nunca podría ser periodista, porque me inventaría las noticias y acabaría canonizando hasta el más delincuente de todos los tiempos.

El febrero pasado fuimos a México y en esa ocasión tuvimos la oportunidad de pasar un fin de semana en la capital antes de emprender nuestro normal viaje al estado donde vive gran parte de mi familia.
Ahí  nos encontramos con mi ex-jefa, una señora que es como una madre para mi y que al igual que Max es apasionada de historia y se sabe cualquier hecho importante ocurrido en México.
Ella nos animó a visitar el centro histórico el cual ya habíamos tenido la oportunidad de visitar pero que como normalmente hace Max cuando va conmigo, se tuvo que comprar una guía para saber lo más importante del lugar.
En esta ocasión no tuvo que hacerlo ya que Roxana (mi ex-jefa) iba con nosotros y fué la encargada de darle toda la información y contestarle todas las preguntas que mi flamante marido le hizo. ¿Yo? yo solo caminaba y tomaba fotos donde podía, intentando seguirles el paso y tal como hacen los gatos cuando quieren atrapar una mosca, mi cerebro daba manotadas tratando de asimilar toda la información posible, aunque bien sabía que apenas saliéramos del edificio que estábamos visitando, se me resbalaría todo como un trozo de mantequilla en una cazuela caliente antihaderente.

Así, para hacerle honor a mi despistada memoria, me había olvidado completamente que de México me había traído un poco de tapioca que me regalaron. Por lo que en vista de que en estos días se encuentran unos albaricoques hermosos en el mercado, me puse a hacer un budín de tapioca con albaricoques. No fuera a ser que el mísmisimo Moctezuma se despertara de su sueño eterno y me jalara las orejas por ser tan olvidadiza.

 

Salsa de albaricoques
10 albaricoques maduros y sin piel cortados en cuadritos.
50g de azúcar blanca
agua (la necesaria)

Poner los albaricoques junto con el azúcar en una cacerola antiadherente. Mover delicadamente hasta que el azúcar se incorpore muy bien. Agregar agua la suficiente para cubrir los albaricoques. Dejar cocinar por 3-4min a fuego medio. Dejar enfríar y poner en el frigo.

Budín de tapioca
1 taza de tapioca
2 tazas de leche entera
1 taza de crema
2 huevos
1/2 taza de azúcar
1/2 cdita. de esencia de vainilla

Poner la tapioca en remojo con la leche la noche anterior. Al día siguiente, ponerla en fuego lento por 3-4 minutos, sin llevar a ebullición.
En un contenedor aparte batir los huevos con el azúcar y agregar la crema batiendo hasta que esté todo perfectamente mezclado. Temperar la mezcla en la tapioca. Agregar la vainilla y dejar cocinar hasta que las bolitas estén transparentes y blandas al tacto.
Ponerla en los moldes y refrigerar por al menos dos horas antes de servir. Agregar la salsa de albaricoques encima al momento de servir.

Author: Maricruz

Fotógrafa inventada y foodie por casualidad. Viajera curiosa y adoradora incondicional de los gatos. Vivo, respiro y me harto de cappuccinos (mi vicio!) en Roma, Italia.